jueves, junio 20, 2024
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Y EL ÓSCAR NO FUE PARA… “LA LA LAND” Un final agridulce…

‘La La Land’ empató con Eva al Desnudo y cosechó seis merecidas estatuillas, entre ellas las de Mejor Director y Mejor Actriz. Luego llegó el escándalo y el resto… ya es historia del cine y la televisión.

Nada más lejos de nuestra intención cuestionar las virtudes de ‘Moonlight’, una excelente película que además contaba con un matiz reivindicativo muy ventajoso en los premios más politizados que se recuerdan. Pero creemos que el bochornoso patinazo de la 89 Edición de los Oscars, uno de los mayores ridículos televisados en directo ante una audiencia planetaria, tampoco debe empañar las virtudes de un fenómeno cinematográfico que nos ha devuelto la fe en la magia genuina del cine. Bajo ese delicioso homenaje al músical clásico, convenientemente ajustado a los gustos del público actual, late una historia sencilla y cuajada de clichés, sí, pero muy bien engrasados.

Su magia radica en una banda sonora que resuena en el alma, una realización virtuosa y… ellos: la química que fluye entre Emma Stone y Ryan Gosling alimenta el corazón de la película. Es cierto que el Oscar de ‘La La Land’ del que más se hablará será aquél que nunca ganó, aquél que celebró durante tres minutos antes de que se lo arrebataran de las manos al más puro estilo ‘Mia’ y ‘Sebastian’. Un esperpento que sin duda desatará una avalancha de memes, chistes y parodias… pero que no debería desacreditar a ninguno de los dos magníficos films implicados, sino la dudosa credibilidad de unos premios de la Academia que hace tiempo dejaron de ser un baremo de calidad para convertirse en puro espectáculo televisivo y politiqueo. De los Oscars ya se ha hablado largo y tendido, así que versaremos fundamentalmente este texto sobre Emma Stone y Ryan Gosling, sus comienzos y sus trayectorias hasta cruzarse en esa verdadera ciudad de las estrellas. Cuando se celebró la ceremonia nuestra edición ya estaba prácticamente cerrada, pero no nos importó demasiado porque, como decimos, los protagonistas son ellos: antes del éxito, nos remontaremos al pasado y repasaremos algunos de los momentos espinosos que atravesaron, tal y como hacen sus personajes en la ficción.

Sin embargo, valía la pena “parar momentáneamente las rotativas”, al más puro y melodramático estilo del cine clásico, para hacer mención al surrealista desenlace vivido en el Dolby Theatre de Los Ángeles.

 

 

Desde el estreno de “La La Land” primero, los Globos de Oro, después y recientemente, por la entrega de los Óscar, final escandaloso incluido, Emma Stone y Ryan Gosling están de moda.

A pesar de que el sueño, al igual que en el film del también oscarizado Damien Chazelle,

no fuera completo.

Ella, ya muy respetada por todos sus trabajos anteriores, estos días es uno de los rostros más rutilantes de Hollywood. Su merecido Oscar como actriz principal no hace sino refrendar una trayectoria que, curiosamente, guarda notables paralelismos con la de Mia, su inolvidable personaje en ‘La Ciudad de Las Estrellas’.

Y Ryan Gosling, uno de los actores más carismáticos de su generación, si bien ya había alcanzado esas estrellas con éxitos como ‘Drive’, ahora –junto a Emma-, con su papel en “La Ciudad de las estrellas” – “La La Land”, se consagra más si cabe tras el éxito del film, pese a no alzarse con una estatuilla ante el enorme trabajo de Casey Affleck, justamente premiado por su contenida labor en la desgarradora “Manchester Frente al Mar”.

Ryan y Emma ya trabajaron juntos en ‘Crazy Stupid Love’ y ‘Gangster Squad’, y eso se nota. La amistad que les une se traduce en una química que traspasa la pantalla y empatiza con el público para erigirse en uno de los pilares de la película. El magnetismo y comunión que desprenden Mia y Sebastian contagia al espectador y le transmiten un deseo incontenible de que ‘el chico’ y ‘la chica’ acaben juntos, y eso es mérito de una pareja de actores que se conocen a la perfección.

 

Pero más allá de premios, distinciones y el histórico patinazo de la Academia en la última edición de los Oscars,  cada uno de ellos, en sus comienzos, tuvieron que “soportar” episodios que bien podrían haber sido parte de un guion cinematográfico y, precisamente, cada uno protagonizando su propia historia, llegaron a la gran ciudad –como en la película- cargados de ilusiones y con el deseo de triunfar en Hollywood.

Al principio, como en el celuloide, todos fueron fracasos, pero después fueron llenándose de buenas noticias y, al igual que en la ficción, se hicieron dueños de una realidad como la que están viviendo.

“He trabajado mucho, he soñado infinidad de sueños, he golpeado muchas puertas hasta llegar hasta aquí…-dice Emma emocionada-

“Sólo quien vive la falta de resultados sabe lo que esa experiencia marca, pero es para bien, para darle mayor importancia a lo que ahora toca vivir…” –dice Ryan reavivando un pasado que “me da fuerzas para seguir con nuevas ilusiones”.

Impresionante lo que les rodea y cómo le lleva tan alto como el baile y la melodía que les hace volar “tocando” las estrellas en “La La Land”.

Tanto ella como él –lo recuerdan en voz alta- y en cada una de sus respectivas historias: tuvieron que compartir piso de alquiler donde vivieron (por desconsuelo, ansiedad y bajones anímicos) largas tardes-noches de esperanzas rotas y de unos anhelados sueños que no acababan de formar parte de sus vidas.

Y hoy aquí viviendo una velada irrepetible…

Es lo que comentan con diferentes palabras pero cerrando el círculo de agradecimientos: a la familia, a quienes confiaron en ellos, a la vida que les toca vivir…

Aquellos primeros infortunios un día se convirtieron en el comienzo de ese sueño del que nos hablan…

Un sueño hecho realidad.

Y si lo conseguido antes de este último film que les presenta como protagonistas no hubiese sido suficiente, llega, como decimos: “La La Land” que les hace “subir al cielo” bailando y cantando mientras medio mundo -gracias a lo que han conseguido con sus interpretaciones y a la dirección y guion de Damien Chazelle- señala este musical como el retorno a los grandes musicales en los que las ilusiones, el amor y –cómo no- los sueños, sensibilizan al espectador.

Desde el pasado 26 de marzo nos encontramos ante una producción única: la única película de la historia en ganar el Oscar a la mejor película para ver cómo se lo arrebataban pocos minutos después.

Un sueño teñido fugazmente de pesadilla pero que, puesto en perspectiva, terminará ocupando el lugar que merece en la historia del celuloide.

Estamos muy felices de haber formado parte de esta preciosa historia llena de matices pero que tanto tiene que ver con esas emociones que alguna vez nos ha tocado protagonizar en la vida real a cualquiera de nosotros…

Es lo que dicen llenos de sinceridad estos dos indiscutibles triunfadores del cine mundial.

En el film que nos ocupa, ella interpreta a Mia, una camarera de un café de los estudios Warner, que aspira a alcanzar el estrellato. En esa búsqueda conoce a Sebastian (Ryan Gosling), un pianista de jazz, de quien se enamora perdidamente.

Quién le hubiera dicho a Ryan Gosling cuando era una estrella infantil en 1993 presentando por la pequeña pantalla “The Mickey Mouse Club”, que su destino sería el que está disfrutando estos días al frente de una historia cinematográfica con la que vemos que definitivamente ha vuelto la comedia musical con un fulgor actualizado

a nuestros tiempos.

Y como es un actor que no para, ya está metido en la piel de un nuevo personaje en Song to Song,” junto a  Michael Fassbender, Rooney Mara y Natalie Portman, un reparto de lujo en una historia de amor  de dos parejas enmarcadas dentro del rock and roll. Gosling repite así con un argumento enmarcado en el mundo de la música pero cambiando radicalmente de registro, al ponerse a las órdenes de Malick, uno de los directores más introspectivos y menos comerciales de Hollywood.

En “La La Land” disfrutamos de una melodía exquisita, con “gancho”, acompañada de una

historia sencilla pero arrebatadora, de unas buenas voces y de un argumento cargado de sensibilidad, factores que han catapultado la película y  a unos protagonistas que, si antes de estas distinciones ya eran estrellas, qué no cabría decir de ellos después de observar el resultado de las taquillas en Europa y América. La crítica y la taquilla del mundo entero, por una vez, se han puesto de acuerdo para ponderar las irresistibles virtudes de una cinta universal e intemporal, un emotivo tributo a los clásicos del musical como ‘Cantando Bajo la Lluvia’ pero renovando sus códigos.

Y quienes incursionan más allá de lo actoral y quieren transitar por algunos otros aspectos de Ryan, por ejemplo y sobre todo en esta época en la que –por desgracia- el tema del “maltrato animal” ocupa destacados artículos, subrayan que él adora a los animales y que, sobre este apartado, no tiene más que palabras de apoyo a “todos los que defienden los derechos de unos seres que necesitan ser respetados y cuidados” y por supuesto, cada vez que puede se muestra aliado de quienes defienden estos derechos “y mucho más cuando se trata de animales indefensos”.

Y así, predicando con el ejemplo, Ryan tiene a un perro llamado George, sobre el que nos dice:

George es mi querida mascota… Le rescaté, por suerte, de la calle que era donde vivía; ahora está con nosotros y me acompaña a todas partes”.

Y sobre su amor por la música nos comentan:

“Cuando le vemos tocar el piano con tanta entrega en esta historia, es él quien con sus propias manos interpreta la melodía porque, la música, también forma parte de su mundo (…) Además del piano, toca la guitarra, el bajo y suele presentarse al frente de su propia banda que bautizó como “Dead Man’s Bones”.

Es propietario también de un exclusivo restaurante con carta marroquí donde se puede escuchar jazz de fondo enclavado en el corazón de Beverly Hills, algo que se suma a la entregada vida de este triunfador de quien habría que destacar -por lo curioso que él mismo explica-, algunos de los tatuajes que lleva en su cuerpo y que, confiesa, “encierran grandes historias”.

Sus allegados nos cuentan algún que otro detalle sobre algunos de sus tatuajes:

“En su brazo izquierdo, luce un tatuaje que tiene que ver con “The Giving Tree”, que fue su libro preferido de una inolvidable infancia de la que guarda emotivos recuerdos.”

Sin olvidar una adolescencia que, si bien al principio no se parecía en nada a una ciudad cuajada de estrellas, después de muchos intentos y sin claudicar, comenzaría a dar unos frutos que poco a poco le llevarían hasta su situación actual sobre la que comenta:

Ahora en este presente, cómo no recordar aquellos comienzos en los que muchas veces no tenía dónde pasar la noche. Aquellas noches en las que tuve que dormir en diferentes lugares; levantarme sin saber dónde dormiría la noche siguiente…

Como  vemos,  con “La Ciudad de las estrellas” -“La La Landel “hoy” de este canadiense de Ontario, nada tiene que ver con aquel “ayer” que le emociona en el recuerdo… Que no olvida.

El futuro, después de este fulgurante éxito –que se suma a tantos éxitos anteriores-, lo imagina lleno de nuevos objetivos, además de seguir disfrutando de su vida hogareña, de su música y del cine.

Vale la pena detenerse también en la adolescencia de Emma Stone, una época que entraña curiosas similitudes con las circunstancias que atraviesa su personaje en ‘La La Land’. La actriz, con parecida emoción, señala como “una época que recuerdo con nostalgia en un piso que compartí con unas buenas amigas; tenía 18 y aquello fue hasta cerca de los 22; me presenté a varios casting sin éxito pero todo aquello me sirvió de base moral para darle mucha importancia a lo que comencé a vivir, cuando empezaron a llamarme ¡Y más ahora! Una película a la que le dediqué toda mi ilusión, en la que tuve que cuidarme mucho la voz y alimentarme muy bien con muchas vitaminas en la que, los ensayos para aprender los bailes, duraron tres meses… Una experiencia que había que pasar y aquí estamos”.

¿Con otro de tus sueños hechos realidad?

Conseguir un sueño es ¡un sueño mayor! Como el de ahora por eso les digo a todos los que buscan una oportunidad que no decaigan a la primera, que sigan, que luchen por tratar de hacer alguno de esos sueños… realidad.

Y de su infancia, Emma no olvida la ansiedad permanente que tuvo que soportar y que marcaron aquellos años.  Como bien ha confesado reconoce haber sufrido ataques de pánico cuando aun no había cumplido diez años.

Cuando me tocaba soportar uno de aquellos momentos me quedaba como inmóvil y lo único que quería era no salir de mi intimidad, sin ningún tipo de relación social, ni visitar amigos ni estar con nadie.

Sin apartarnos del relato de quienes indagaron en su vida y pudieron compartir documentos de aquellos años, digamos que la actriz fue superando aquel problema que tanto la condicionaba, gracias a que comenzó a pisar las tablas de los escenarios “y por supuesto –recuerda el apoyo de su gente- gracias a sesiones de terapia y así, poco a poco, me fui dando cuenta que enfrentarme a un escenario, a un público, era como un desafío, un objetivo por solventar además de la ilusión que esa dedicación iba creciendo en mí. Y así fui saliendo adelante que era lo que más falta me hacía”.

Su primer espectáculo fue –mirad por dónde-  un musical escolar sobre el “Día de Acción de Gracias” llamado “No Turkey for Perky”

Emma no olvida con qué ilusiones llegó a “la gran ciudad” procedente de Scottsdale, Arizona, donde su madre le inculcó lo mejor de la vida y

donde su padre la apoyaría todo lo que pudo:  “En aquellos años mi papá fundó su propia compañía, aunque al principio dependía de los créditos hasta que, con el paso del tiempo, por suerte, comenzó a ganar algo de dinero.”

Hoy día se conocen detalles que, al trascender su nombre

como estrella indiscutible de “La Ciudad de las Estrellas”, en Hollywood se subrayan algunos comentarios sobre

una época de su niñez de la que ella misma recuerda que, “cuando tenía unos siete añitos, en una ocasión, yo estaba convencida de que mi casa se estaba incendiando. Lo podía sentir pero no era una alucinación, sino  algo que sentía aquí, en el pecho, al tiempo que tenía como una opresión y no podía respirar… Era como si el mundo

estuviera por terminarse. Y ese tipo de ansiedad era constante. Recuerdo también que a mi mamá le preguntaba como cien veces acerca de  qué íbamos a hacer cada día. Y ¿a qué hora me iba a llevar a tal ó cual lugar? Y ¿dónde íbamos  a ir? Ó ¿qué iba a pasar en el almuerzo? Terrible…  y, por todo aquello, era común que sintiera náuseas, nervios, y esa ansiedad que menciono.”

¿Y tus padres cómo reaccionaron?

“Me llevaron a la consulta de un terapeuta –reitera- quien me ayudó muchísimo. También recuerdo un monstruo color verde que dibujé en mi hombro y  que, al oído, imaginaba que me decía un sinfín de falsedades… Aquello me hizo bastante daño hasta que por fin pude olvidarme de aquellas pinceladas oníricas comenzando a trabajar en la actuación… ¡Qué cambio!”

Así, no es para menos, recuerda nostálgica y agradecida que comenzó a actuar en un teatro juvenil “dando vida a diferentes personajes pero todos enmarcados dentro de la improvisación hasta que después comencé a estudiar con un profesor” que por una conexión y otra hicieron que nuestra protagonista -cual si estuviera interpretando el papel de su galardonada película-,  tomara la decisión de informarle a sus padres que quería trasladarse a vivir a Los Ángeles.

Y así lo hizo…

Me presenté a cantidad de pruebas y nada de nada…

¿Y qué papel cinematográfico conseguiste?

Ninguno, sólo un trabajo haciendo dulces en una ¡Panadería para perros!

Pero, a falta de esas oportunidades que aguardaba para trabajar en lo que hoy es todo en su vida, ese inesperado trabajo –que poco tenía que ver con lo que aspiraba- fue la excusa perfecta, cara a sus padres, para permanecer en Hollywood, argumentando que no podía defraudar a quienes le habían dado ese sueldo.

Lo cierto es que ahora, cuando pasea por la meca del cine, no puede dejar de recordar con un ánimo agridulce aquellos años de efervescente juventud desde los que tanto apostó por ella misma…

Por eso, ahora, sólo puedo decir gracias a quienes me dieron la posibilidad de crecer y gracias por haber nacido con este temperamento de lucha y entrega…

No vamos ahora a detenernos en el primer episodio que hizo en “Malcolm in the Middle” ni en otra aparición que se tituló “Medium”. Ni cuando le puso voz a un perro en “The Suite Life of Zack and Cody”…

Sólo debemos hacer hincapié en esa fuerza de voluntad que le ha acompañado hasta su presente y por supuesto a la apuesta que una y otra vez hizo por ella Allison Jones, una veterana descubridora de talentos, reputada directora de castings a la que Emma Stone está tan agradecida.

Sin olvidar su pasado y sin perder un ápice de perspectiva, Emma y Ryan miran con más fuerza que nunca hacia adelante… cargados de proyectos e ilusiones y consagrados por la crítica y el público tras la casi unánime aceptación de un film que ha resucitado con fuerza la magia del cine y que ha alcanzado la dimensión de fenómeno cinematográfico. Una película que ahora, además, arrastra tras de sí el triste esperpento histórico protagonizado por la Academia de Hollywood, en el ridículo más sonado en la historia de estos galardones. Un bochorno del que no tienen ninguna culpa ni ‘La La Land’ ni la triunfadora final, ‘Moonlight’, otra excelente película. El triste desenlace de la gala de este año no debe empañar en modo alguno el mérito de ninguna de ellas.

‘La La Land’, nunca perdedora, siempre será la (casi pero no) ganadora de un Oscar a la mejor película, además de otras seis estatuillas. Aunque el Oscar del que más se hablará es aquél que nunca ganó… ‘que les quiten lo bailao…’ Esas increíbles horas de gloria cinematográfica, bailando cerca de las estrellas…

 

                                         

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