lunes, julio 22, 2024
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Un crack de la escena y de la vida…El perfil más íntimo de Josema Yuste

Comenzamos preguntándole junto a la piscina de su casa, donde nos recibe:

Josema: Muchos famosos o populares se muestran distantes y algo pedantes cuando el público, por la calle, se acerca a ellos… ¿Qué opinas?

Normalmente significa ser un imbécil. Nunca olvides que al final el público es el que te coloca ahí. Y ser cercano o amable cuesta exactamente lo mismo que lo contrario.

¿Cómo se explica entonces que algunas y algunos populares de medio pelo que airean sus secretos de alcoba como único mérito profesional, se muestren distantes, soberbios?

Yo creo que eso responde un poco a tu formación humana, a tu educación, a los valores que te han transmitido tus padres y a cómo gestionas tu éxito. No hay que olvidar que esta profesión es un servicio público como otra cualquiera, como un barrendero, exactamente igual. De modo que no te tiene que hacer sentir por encima de nada, sino como una persona más en la sociedad, que hace una labor, digamos, en el mundo del ocio, como es la de divertir a los demás.

¿Te animas, antes de entrar en otras ‘profundidades’, a contarnos un chiste?

Es muy malo, pero ahí va: ‘Pepe ¿qué hora es?… Las 8… Qué tarde ¿no?… Coño ¡habérmela preguntado antes!

Bueno, bueno, bueno, vayamos a lo serio: En una ocasión dijiste que en España en materia de humor hay más censura que en la época de Franco. ¿Sigues pensando igual?

Sí, porque yo he vivido las dos épocas. Y con Franco tú sabías lo que no podías decir. No podías ser comunista, ni estar en contra del régimen. Ni tampoco enseñar las tetas. Pero fuera de eso, sabías a lo que atenerte. Ahora no sabes… Yo, cuando hago las adaptaciones de mis comedias estoy con el lapicero pensando: ‘esto puede ofender, esto sí, esto no… Me pegan una leche tremenda si digo esto.’ En resumen: Estás súper coartado para hacer comedia, para hacer humor… Si me apetece mucho un chiste, aunque pueda molestar a no sé quién, lo meto. Procuro tampoco dejarme llevar por el entorno, por las redes sociales en las que no estoy ni estaré jamás, precisamente por eso, porque no quiero saber nada.

Mientras realizamos unas fotografías junto al jardín y a su piscina, agregó sin dudar:

Trato de ser honesto; hay colectivos, hay cosas con las que no me parece gracioso incluso hacer humor. Pero bueno, entiendo que haya gente que lo haga y que se sienta libre. A mí, nadie me ha demandado, nadie.

¿Cómo vives este verano? ¿Con trabajo, con horas de descanso para cargar pilas?

No dejo de trabajar todo el año en el teatro, al que me dedico hace más de 20 años, pero en verano, paro. Quiere decir que, en junio, julio y agosto, no estoy en Madrid. En esos tres meses, hago siete, ocho actuaciones por ahí fuera, para no perder el timing de la obra y para que no se me olvide el texto.

¿Te queda algo de aquel monaguillo que llegaste a ser en alguna ocasión?

Bueno, lo fui de manera muy puntual. Tengo un gran respeto por la religión, especialmente por la católica. Creo que, en África, en la India y largo etcétera, muchísimos sacerdotes y monjas hacen una labor encomiable, maravillosa, por ejemplo, con los niños, con las niñas, dándoles educación, hogares. Esas son para mí las personas que más mérito tienen en la Iglesia.

¿Y el Papa…?

No digo yo que el Papa no lo tenga, pero creo que estos, lo tienen mucho más, porque se juegan la vida muchas veces, y los terroristas los matan y si no les llega ese infortunio, igualmente padecen un montón de episodios tremendos.

Reconoces esos méritos, pero ¿no crees en Dios?

No, yo -honestamente- no creo en un Dios que existe y que está ahí arriba. No creo en eso. Cada persona tiene que tener su Jesús, su Dios dentro de sí mismo, que es la doctrina de Jesucristo. Que nadie puede estar en contra de todo eso, que hay que hacer el bien y ser generoso y ser bueno con tu familia y bueno con tus amigos y ser buena persona. En definitiva: eso es lo que me guía a mí en la vida.

¿En qué crees?

Creo en mí, creo en mi familia, creo en mis amigos y eso es el sustento que me soporta, como yo a ellos. Es algo que, sinceramente, me da fuerzas para creer en mí. Necesito todo ese arropamiento humano para creer en mí.

¿Te miras al espejo y qué te dices?

Me miro muy poco al espejo, no porque no me guste, sino porque me da como vergüenza…

¿Vergüenza?

Sí, es algo que me ocurre desde pequeño. No sé explicarlo… No soy coqueto en absoluto, lo reconozco, quizás sea un fallo mío, pero bueno. Más que mirarme al espejo, lo que hago es sentirme. Hago deporte y las sensaciones en el deporte son muy importantes…

¿Entonces?

Pues que me siento por dentro y me digo: ‘bueno, no está mal, pero se puede hacer mejor’. No soy un perfeccionista obsesivo, pero tampoco soy nada conformista. En mi trabajo, por ejemplo y en mi relación de pareja, trato de hacer las cosas bien, aunque sé que la perfección no existe, es más, llega a ser aburrida, a veces. Me quedo en ese equilibrio, buscando lo mejor que puedo.

A tus tan bien llevados 70 años ¿les ayudas con una vida sana?

Sí y eso ¿me supone un gran sacrificio? No. Porque el deporte ayuda mucho y a mí, me encanta; o sea, no lo hago para sentirme bien, sino que me encanta desde pequeño. He jugado siempre a todo: fútbol, baloncesto, esgrima, voleibol, tenis y golf. Todo eso lo he practicado, especialmente, lo que más, tenis y golf. Entonces necesito el deporte como si fuera un latín diario. Lo necesito. Para sentirme mentalmente tranquilo. 

¿Y aparte del deporte?

Tengo afortunadamente una patología que se llama, ‘esófago de Barrett’, antes: ‘hernia de hiato’ y por ello, hay cosas que me sientan fatal.

¿Y de qué te priva esa patología?

Que no puedes tomar alcohol o mejor explicado: ¡no es que no puedas, es que tu cuerpo lo rechaza al minuto! O sea, me tomo un vaso de lo que sea, vino, whisky -es un decir- ya que no lo tomo porque sale una llamarada de dragón, de fuego, te quema, no puedo… El esófago está erosionado, la comida insana me sienta mal. Y la sana me sienta de maravilla.

Josema se expresa con gestos y se muestra feliz de practicar una vida sana: “El alcohol nunca me ha gustado… Lo que no me sienta mal, en su justa medida, es la cerveza, pero una, dos cañas. Como me tome tres, ya me siento mal. Lo que son fritos, grasas saturadas, bollería industrial, mucho rebozado, todo lo que es grasa saturada, mi cuerpo lo rechaza. ¿Qué me queda? Me queda mucho: Pescado, carne, guiso de todo tipo, fruta, verdura, que me encanta, y todo menos lo que realmente engorda y hace daño”.

¿O sea, que no echas nada en falta?

No, sinceramente, no. Como sano por necesidad, pero además lo disfruto, incluso a partir del desayuno…

¿Cómo son tus desayunos?

Maravillosos. Primero: un plato de fruta variada. Y eso es un ritual para mí, ya que, al levantarme, la pelo, la corto… Hoy he tomado melón, cerezas, una nectarina, un plátano y un zumo de granada. Voy cambiando de fruta dependiendo de la estación. Y luego, café con leche, una tostada con tomate y aguacate y un poco de aceite. Eso es lo que suelo desayunar. Y dos veces a la semana, incluyo algo de jamón bueno, para tener un poco de proteína por la mañana. Mis comidas se basan mucho en la plancha y cada tanto, unas croquetas, pero no más de tres. Disfrutar con mesura…

 ¿Pasarías por un quirófano para contribuir a una estética facial, aunque eso significara parecerte incluso a muchas populares, que casi todas parecen un clon?

¡¡Nunca jamás!! Solamente pasé una vez por el quirófano, con 23 años, para hacerme una rinoplastia, porque hasta los 23 años, tenía la nariz de Karl Malden, el actor, con cartílago ancho. Al verme, decían: ‘oh, qué gracioso, ¿no? El niño qué mono, qué rico’. Pero yo, con las chicas, tenía un complejo brutal y entonces me dije que esa era la única manera de quitarme el complejo y mi timidez.

¿Te cambió por fuera y por dentro?

¡Total! Pasé por el quirófano solo para eso, pero nunca más. Al pensar en el quirófano ‘por narices’, lo primero que le dije a Adolfo, a mi amigo, fue: ‘no me pongas la de Michael Jackson ni la de la Preysler’. Me niego. Quítame lo que es el cartílago, reducir un poco de cartílago, de anchura, y nada más… Yo tenía el tabique recto, así que nada más…

¿La palabra amistad la escribes con “A” mayúscula o con “a” minúscula?

Bueno, la escribo con mayúscula cuando responde el amigo, pero para mí la amistad es importante, necesaria y muy bonita. Pero yo no quiero tener 46 amigos. Tengo dos, tres, no tengo más. Y luego conocidos y gente con la que tengo un buen rollo, pero igual tres, cuatro, ahí estoy.

¿Alguna vez te han fallado los amigos?

Sí, dos veces. Y ya no son amigos. Uno me pidió una cantidad de dinero desorbitada. Ya le había prestado antes y me la había devuelto. Pero esta vez eran como setecientas veces más que la anterior ¡Hablamos de millones de pesetas! Y de repente, me dice: “es que tengo una deuda con Hacienda, es que me quitan el piso…”. Y digo, ‘ya, macho, pero no me lo vas a devolver nunca’. Y me contesta: “Sí, porque vendo un cuadro, vendo otro…”. No, lo siento. Y ya se acabó la amistad, claro. Y luego el otro, porque tomó el camino equivocado. Yo no quiero hacer nada con la gente que toma caminos equivocados. Soy muy drástico en eso. Si tú quieres ir por ahí, yo no, adiós… Muy inteligente.

¿Qué es lo que más valoras del ser humano?

La honestidad, es lo más importante; encierra la verdad, la naturalidad. Si ya me has mentido una vez, puedes cometer fallos siendo honesto, pero arrepiéntete, reconócelo, pide perdón.

Sobre lo que más valora de quienes forman parte de su entorno más íntimo, dijo con una sonrisa de satisfacción:

Estoy con mi mujer desde hace 36 años. Y tenemos dos hijos, Ana y Jaime. Y luego yo tengo uno en el primer matrimonio, Diego, y ella tiene a Alejandro. Es la vida… Es la felicidad…

¿Nietos?

Sí, tengo dos. El niño tiene 7 años y la niña 2. Mi mujer está como loca y yo también. Ella más que yo. A mí me encanta verla, cómo se los come a besos, cómo juega…

¿Algún vicio?

El deporte y el trabajo. El deporte, mientras pueda, no voy a dejarlo nunca. Y el trabajo debería dejarlo en algún momento, pero sé que me va a costar, y esto es la confesión que os hago aquí y ahora: El teatro, que es lo que me ocupa en mi vida, tiene un solo inconveniente para mí…Que trabajas los fines de semana. Yo, los fines de semana, con mi mujer, no hago, prácticamente, nada. Vivo los lunes, los martes, o el verano, pero luego, el resto del año, los fines de semana, no puedo ir a ningún sitio con mi mujer ni con ningún amigo. Es verdad que ahora, los sábados, el teatro es a las seis y el domingo a las cinco, y el viernes a las siete, con lo cual, sí, me daría tiempo, pero termino la función, sudado como un pollo y es llegar a casa, ducharme corriendo ¿para salir a cenar? no me apetece. Pero bueno, lo hago.

He hablado con mi mujer que la siguiente temporada quizás pueda trabajar de octubre a abril y que nos quede tiempo libre.

¿Tu niñez? ¿Cómo la recuerdas?

Mi niñez, honestamente y sinceramente, la recuerdo con luces y sombras…

Mis padres creo que me han dado una buena educación. Pero yo me quedé sin madre con nueve años. Entonces, a partir de ahí, yo era el pequeño, mi hermano mayor se había ido de casa, los demás no me hicieron mucho caso, lo típico, ¿no? Mi padre todo el día trabajando, entonces, suerte que tuve que una hermana de mi madre, nuestra tía Isabel, se ocupó mucho de nosotros, pero se llevaba mal con mi padre. Tuve buenos amigos desde pequeño, eso es verdad. Tenía un núcleo de amigos del cole muy bueno. Y lo pasaba bien, y hacía deporte y tal, y nunca me ha faltado nada. Mi padre trabajaba mucho, no éramos ricos, pero tampoco éramos pobres. En ese aspecto bien, pero sí un poco de soledad… Me apoyé mucho en mis amigos, pero,  sin madre… Cómo digo: ¡Recuerdo una niñez con luces y con sombras!        

¿Cómo te definirías a ti mismo?

Soy un tipo normal, con una profesión rara. La gente no me cree… Pero así es. A lo mejor hay médicos de la seguridad social que por las noches se disfrazan de lagarteranas… Y yo soy al revés, tipo normal con profesión rara. ¿Qué es para mí normal? Pues tener una familia establecida, heterosexual, con hijos e hijas, no hijes, ir a trabajar, volver a casa, querer a tu familia, esforzarte en la vida, luchar por conseguir las cosas, respetar a los demás… Ser normal y cercano, claro… ¿Por qué voy a estar lejos pudiendo estar cerca?

Y vaya si está cerca de los suyos y por supuesto de la gente, de todos los que le admiran y le han hecho crecer como artista.

Tuvimos la suerte de coincidir con los días de descanso que se tomó Josema Yuste para poder disfrutar de su personalidad y de su sinceridad, a la hora de entrevistarle.

Y una vez más, pudimos comprobar que Josema, sobre un escenario, en un set, en un plató y -cómo no-, en la vida misma: es un crack, como profesional y como persona.

                                                                                  ©Julio Bonamino

                                                                          Fotos©Liliana Cozzi

                                                                          Coordinación: Nuria Santero

                                                                                   ©Bayres/ALGENTE