jueves, junio 20, 2024
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Paquirri:

Si levantara la cabeza…

ANALIZAMOS AL DETALLE LAS VII CLÁUSULAS DEL TESTAMENTO QUE EL TORERO FIRMO APENAS SEIS HORAS ANTES DE CASARSE CON LA TONADILLERA.

Comencemos por decir que es muy cierto que, tras la voluntad testamentaria de Paquirri, hubo decisiones que fueron tomadas por los albaceas con la intención de que aquel rompecabezas de la herencia no crujiera aún más en mil pedazos.

Por eso, lo que nos interesa en estas páginas (como en su día y acertadamente hicimos en un prestigioso semanario guiados por la interpretación judicial de cada una de las cláusulas del testamento que hoy volvemos a publicar) es, lisa y llanamente, analizar exclusivamente -reiteramos- la original voluntad del torero que, entre otras decisiones, daba un destino innegable (con sus explícitos matices) por ejemplo, a cada una de las fincas como La Cantora, Garlochí, La Garza, Los Rosales, además de un puntual etcétera.

En definitiva -después de tantas incongruencias conforme han pasado los años- lo que de verdad interesa es interpretar bajo la lupa la ‘última voluntad’ de Francisco Rivera ‘Paquirri’, que es de lo que se trata en estas páginas, algo que, compañeros de esta redacción, ya hicieron en diferentes publicaciones y oportunamente en televisión, por haber convivido durante meses con la familia del torero a raíz de las Memorias que, en quince capítulos, desgranaron sobre las relaciones familiares y, sobre esta peculiar herencia y sus consecuencias.

Repetimos, lo que nos interesa es centrar la atención en ¡la definitiva y primigenia ‘última voluntad’ del torero! Y no en todo lo que vino después…

En los ya casi 16 años de vida que tiene ALGENTE y que esperamos celebrar el próximo mes, no han sido pocas las veces que, por diferentes posturas de los herederos, hemos tenido que dedicar páginas recordando las últimas voluntades del diestro de Barbate que, desde el minuto uno, dieron lugar a reiterados enfrentamientos.

Lo cierto es que, tal como nos expresara oportunamente Antonio Escámez, administrador de Paquirri, siendo uno de los cinco albaceas y leyendo punto por punto lo que el diestro rubricó en el citado documento hereditario: “No se ha cumplido la voluntad de Paquirri”.

Esa aseveración, el propio administrador-albacea nos la argumentó, además de tener el testamento original en sus manos, interpretando cada una de las cláusulas que allí figuraban y lo que expresaban como ‘ultimas voluntades’.

Dicho lo cual y tras hacer más abajo un repaso a lo que anunciamos, habría que subrayar como un acierto las declaraciones que hizo Francisco Rivera Ordóñez en ‘De Viernes’ y, al mismo tiempo, ver como justificadas y coherentes muchas de las diferentes reclamaciones que a lo largo de los años se han venido planteando, como las realizadas por toda la familia Rivera y que, como decíamos, formaron parte de algunos de los capítulos de las mediáticas Memorias firmadas por Liliana Cozzi y Julio Bonamino, obtenidas tras largas conversaciones que nuestros compañeros mantuvieron con Teresa Rivera y el padre de Paquirri, Don Antonio Rivera.

En la actualidad, además de hacer mención al destino de sus fincas, a ‘esos dineros americanos’ y preguntándose quién o quiénes presuntamente los cobró, los cobraron o no, se sigue publicando y hablando en televisión de cuestiones que, aunque menores, al tratarse de una herencia importante, se las señala como de una importancia emocional: “es decir, a unas cuantas pertenencias campestres relacionadas con la profesión de Paquirri que nunca pasaron a manos de sus hijos, cuando en realidad, esto fue –entre otras cuestiones de mayor importancia como nos explicaría Escámez la explícita voluntad del torero”.

Y continuando con la transcripción literal de las comillas de este hombre a quien tuvimos la suerte de conocer cuando vieron la luz esas mediáticas Memorias, recordemos (siempre de manera literal) otras de sus certeras puntualizaciones:

“En la última reunión de los herederos, Carmen Ordóñez manifestó que Isabel tiene que entregar a sus hijos una serie de objetos personales”, así como que la familia Rivera, “asegura que no han recibido ninguno de los objetos que se decían iban a ser para ellos”.

Y agregó:

“Lo que puedo decir –ciñéndome a lo que puede demostrarse, sin ánimo de perjudicar a nadie- es que ella ya se ha beneficiado del dinero de todos porque la autorización de los albaceas para vivir en “Cantora” al quedarse viuda, era para ella y su hijo y, sin embargo, habitó aquella casa con unas cuantas personas más”.

Ahora, cuando dentro de nada se cumplirán ya 40 años de la trágica muerte de Paquirri tras enfrentarse a “Avispao” en Pozoblanco, la ‘caja de los truenos’ ha vuelto a abrirla, como decíamos, el dolido hijo de Paquirri quien, además de dirigirse valientemente a la segunda esposa de su padre, recordó algunos sentimientos hereditarios respecto de los cuales, algunos más jóvenes colaboradores, opinan sin tener ni idea, sobre todo en lo relativo a cantidad de matices en relación a ese testamento que Paquirri  -ante notario y en Sevilla- firmó seis horas antes de contraer matrimonio con la tonadillera a las 19 horas del 30 de abril del 83.

En él, obviamente, más allá de otras especulaciones y de vagas conclusiones a la cantidad de reuniones protagonizadas por las partes (con ausencias), administradores y albaceas, decir que lo importante es recordar que, con su rúbrica, el torero manifestaba sus últimas voluntades.

En esta ocasión, además de reproducir parte de aquel original contenido, para que su lectura no resulte tediosa, incluimos las explicaciones legales que, antes de su publicación en exclusiva en un semanario, un letrado nos detalló y que también fueron matizadas por el mencionado administrador y albacea, señor Escámez.

Finalizando solo cabe preguntarnos con todo rigor, al tener en cuenta lo que se hizo o se dejó de hacer en relación con esta controvertida herencia que sigue y sigue dando de qué hablar, es si…

¿Se ha cumplido la voluntad de Paquirri? Olvidando todas las demás especulaciones y las decisiones que, como decíamos fueron tomadas (aunque legalmente) más allá de la voluntad original de Paquirri, leamos una a una las cláusulas y obtendremos respuesta a esa pregunta que sigue enturbiando la voluntad de quien, más allá de los ruedos, fue un gran hombre con quien compartimos cantidad de momentos en aquella, su época gloriosa, que jamás él habría imaginado que iba a convertirse en motivo de crispación, contradicciones y sentimientos encontrados.

                                                                                                                       ©Bayres/ALGENTE

LAS CLAÚSULAS DEL TESTAMENTO DE PAQUIRRI INTERPRETADAS UNA A UNA

-CLÁUSULA I:

Se hace constar que el testamento se firmó antes de que Paquirri contrajera matrimonio con Isabel Pantoja. Se casaron el 30 de abril de 1983 a las 19 hs. y el testamento se firmó a las 13 hs. del mismo día, es decir ¡6 horas antes!

-CLÁUSULA II: 

En este apartado se explica que de la parte de la herencia que Paquirri podría dejar libremente a quien quisiera según la Ley (el tercio de libre disposición) cede una mitad a su padre y a sus tres hermanos. Esto lo hace de la siguiente forma: podrán disfrutar del uso de estos bienes, pero no venderlos (esto es lo que quiere decir usufructo) hasta que el hijo menor del torero, en este caso, Paquirrín haya cumplido 21 años. A partir de ese momento, tendrán la libertad total sobre los bienes y podrán disfrutar de ellos como deseen, incluso, venderlos. Estos bienes se distribuyen en cuatro partes iguales, entre el padre del torero y sus tres hermanos o sus descendientes, si estos fallecieran antes de heredar.

-CLÁUSULA III:

Por lo que respecta a Isabel Pantoja, Paquirri le deja, además de la parte que le corresponde por ley como viuda (cuota viudal), la otra mitad del tercio de libre disposición en usufructo. Lo cual quiere decir que solo podrá disfrutar estos bienes mientras viva, sin poder venderlos y, a su muerte, pasarán a ser propiedad, por partes iguales, de los hijos del torero, incluidos los dos de su anterior matrimonio con Carmina Ordóñez.

-CLÁUSULA  IV:

Los tres hijos del torero son herederos universales, por lo tanto, les corresponde el resto del total de la herencia, no mencionada hasta ahora. Se hace constar que si alguno de los hijos de torero, muriese antes de heredar, su parte la recibirían sus descendientes. Para toda la tramitación de la herencia, Paquirri nombró a cinco albaceas o administradores, ellos serán quienes se ocupen de todo lo relativo al cuidado de los bienes de la herencia de Francisco Rivera (testador) hasta que se hagan cargo de ellos sus respectivos herederos.

-CLÁUSULA V:

Para tomar cualquier decisión relativa a la utilización de estos bienes que componen la herencia, será precisa la firma o autorización de tres, como mínimo, de estos cinco albaceas o administradores.

-CLÁUSULA VI:

Hasta que los tres hijos del torero no alcancen la mayoría de edad, sus bienes serán administrados por tres de estos albaceas, sin que sus respectivas madres (Carmina Ordóñez e Isabel Pantoja) puedan intervenir en la administración.

-CLÁUSULA VII:

Aquí se hace constar que, en lugar de un año, que es el plazo que marca la ley para repartir una herencia, se hace una excepción y se prorroga este periodo en dos años más (en total se dan tres años) dada la cuantía de los bienes a repartir.

Al final del texto se especifica que este testamento, fue firmado por Francisco Rivera (Paquirri) los albaceas y el notario. Acto seguido se aclara que esta es una copia del documento, rubricada también por el notario en fecha 11 de octubre de 1984, al entregarlo a uno de los albaceas que lo solicitó. ©Bayres/ALGENTE.