MANUEL Y VIRGINIA CUMPLEN ESTE MES 11 AÑOS DE FELICIDAD “HAY QUE QUERERSE Y RESPETARSE CADA DÍA DEL AÑO”

Manuel Díaz “El Cordobés” y  Virginia Troconis regalan simpatía por los cuatro costados.

No creemos que exista ni un solo fotógrafo, ni un solo periodista que, al tratarles, no se encontraran con la categoría humana que caracteriza a esta pareja.

Da igual que estén juntos o separados.

Lo cierto es que a Virginia y a Manuel se les nota, como decimos, esa “clase” innata con la que siempre se muestran en sociedad.

Y cuando están juntos es verles compartiendo risas, buen humor, ocurrencias de él que ella festeja; miradas de complicidad y sobre todo: de enamorados que, en estas fechas -¡cómo no!- cuando celebran once años de feliz matrimonio, siguen sorprendiendo a quienes, en nuestro caso, les observamos de cerca.

El día a día –asegura Manuel-  compartiendo este amor que tanto refuerza la convivencia, es algo de dos.

Es lo que dice al periodista Manuel Díaz “El Cordobés” y más, si cabe, en fechas señaladas como la de este febrero en el que celebran, como recordamos, algo tan importante como es su aniversario de bodas:

Ella no deja de sorprenderme cada día y también cada día admiro verdaderamente esa fuerza que tiene y su manera de estar a mi lado en cada instante, sin dejar de apostar por un sentimiento que va a más…

Comentarios como estos son los que abundan en Manuel al mirar con ilusión los ojos llenos de luz de una mujer que no disimula el amor que siente por el padre de sus hijos.

El próximo 30 de junio Manuel, que debutó como novillero en Córdoba un 7 de abril del 85 habiendo tomado la alternativa en Sevilla ocho años más tarde, apadrinado por Curro Romero y con Espartaco como testigo, cumplirá unos jovialísimos cuarenta y seis años que él confiesa mantener gracias a ese espíritu con el que todo el mundo le conoce.

Y también se muestra como un ser humano sincero que, al recordar su infancia, no duda en decirle a la prensa que sabe perfectamente “lo que es sufrir necesidades como las que en aquellos años sufrimos –recordó emocionado- mi madre y mis hermanos”.

Sentimientos, recuerdos, emociones de este estilo que nos relata Manuel se “disparan” mucho más cuando participa en iniciativas tan plausibles como la que organizó “El Corte Inglés” al presentar su segunda “Triatlón” las pasadas navidades solidarizándose con todo lo que implica la Unicef.

Por eso, en ese momento, no en vano recalcó:

Por supuesto que supe lo que es sufrir por necesidad y por eso procuro que mis hijos le den la importancia que tiene al disfrutar en casa de cosas que no todos los niños del mundo tienen.

Es decir: intento que mis hijos conozcan lo que supone no tener que pasar necesidades. 

Nosotros, hambre, nunca sufrimos, pero claro que existían importantes carencias al ser muchos hermanos y eso ocurría muy a pesar de los enormes esfuerzos de nuestra madre.

Una madre, María Dolores, que empezó a trabajar, como él mismo lo ha relatado, siendo apenas una niña y que se quedó embarazada muy joven, llegando a padecer desde temprana edad  las angustiosas estrecheces económicas propias de una madre que debe criar a sus hijos sola y en una época en la que ser madre soltera estaba muy mal visto en España.

Todas aquellas penas y sufrimientos, todos aquellos desvelos y angustias pronto se verían recompensados por la actitud de este hijo agradecido, de este Manuel Díaz, un vitoreado profesional en los ruedos taurinos y un auténtico “crack” al torear en “los ruedos de la vida” donde el destino no sólo le ha puesto frente a un Miura sino a todos los Miuras que podamos imaginar, algo que él ha sabido soportar dando todos los capotazos necesarios hasta llegar a su actual vida con una felicidad que merece.

Y que espero seguir mereciendo el resto de nuestras vidas.

Es lo que nos dice en el “tú a tú”, mostrándonos así parte de una personalidad que irradia simpatía.

Bien es verdad que si recordamos su libro sobre determinados pasajes de su vida, estremecedores y apasionados, nos encontramos con un joven que ha vivido mucho y que, al verle junto a la persona amada, no escatima ni un ápice a la hora de mostrar ese amor a los cuatro vientos.

En aquellas “Memorias” que él firmó oportunamente  (“De frente y por derecho”) podemos volver a transitar por la singular vida de nuestro anfitrión, hasta descubrir a un hombre que sin duda merece la felicidad que hoy le acompaña.

En esa obra autobiográfica supo, por su valentía y sinceridad y gracias a la pluma de Jaime Royo-Villanova, emocionarnos.

Siempre he sido consciente de que mi madre tenía que tener una oportunidad en esta vida. Y yo he luchado por su oportunidad y por defender su honestidad…

Hoy, pasado ese tempo literario, al posar para nuestra cámara al lado de su enamorada Virginia, lo dice todo con su sonrisa, con su mirada, aunque tímidamente, alcanza a balbucear:

Ella significa mucho en mi vida, Virginia lo es todo para mí.

Manuel Díaz, tal como se puede comprobar cada vez que el fotógrafo se encuentra con la pareja, ya sea en Sevilla, en algún evento en Madrid, en los momentos que compartieron divirtiendo al personal en aquel concurso de baile de Antena 3 o en las pasadas navidades cuando apostaron –siempre juntos- por otra clase de amor: el que necesitan los más desfavorecidos a través de esa iniciativa maravillosa, desborda buen humor y, como suele decirse, transmite “buena onda”.

¿Eso sin duda redundará en beneficio de la relación de pareja más allá de aniversarios de boda?

La complicidad respetando el espacio de cada uno, une; y el amor, con buen humor: es extraordinario…

Pendientes a través del teléfono (cuando los dos no tienen más remedio que ausentarse de casa) de sus hijos Manuel y Triana, se les ve dueños de  auténticos sentimientos hacia todo lo que necesite de la solidaridad humana y, como dicen, aún más si se trata de ayudar a cantidad de niños desfavorecidos en el mundo entero. Sobre esta ayuda que tanto se le debería pedir a la Humanidad en general, subrayaron:

Haber podido colaborar con Unicef en beneficio de tantos niños es un privilegio que esperamos poder repetir cada vez que sea necesario, porque debemos ser conscientes de que al mirar a nuestro alrededor, nos encontramos con incalculables necesidades que, cómo no, necesitan de ese apoyo como el que nosotros emocionados hemos aportado.

Virginia y Manuel se casaron un 6 de febrero de 2004 y desde entonces viven un amor que, como se puede comprobar cada vez que se dejan ver ante la prensa, no necesita del “día de los enamorados” para celebrarlo.

Hay que quererse y respetarse cada día del año.

Así les vemos en la tele, por la calle, bailando o a paso lento: enamorados de verdad.

 

                                                                            ©Bayres/ALGENTE

                                                                    Fotos©Liliana Cozzi/A3