domingo, junio 16, 2024
Portadillas

LOS PADRES DE EVA BLANCO


En su entrevista más emotiva al cumplirse un mes de la detención del presunto asesino.

Nuestros protagonistas, Olga y Manuel, los padres de Eva Blanco cuyo caso  España entera conoce, han sido dos padres desesperados y hace un mes  ¡18 años después!, la detención del presunto asesino, aunque siguen llorando la ausencia de Eva, ha mitigado en parte ese dolor.

Un dolor imborrable que nace en una noche insufrible al ver que su hija no regresa a casa hasta que se enteran de que había sido salvajemente asesinada tras una cobarde violación.

 

 Manuel Blanco padre de la infortunada joven fue invitado a diferentes platós a los que compareció con el agradecimiento en su rostro pero también con una tormenta de lágrimas contenidas que incluso llamaron la atención de su esposa Olga:

Mi marido siempre ha sido muy tímido y desde que ocurrió la desgracia de nuestra hija Eva se volvió como más distante, sin expresar, tal vez por su temperamento, esa gran procesión de tristeza que al igual que todos en la familia sobrellevamos hace tantos y tantos años, pero al verlo en televisión con sus ojos verdes sollozando y su mirada perdida pensando en Eva, hizo que mi corazón…

A un mes de que las autoridades se presentaran en el chalet que los Blanco-Puig habitan en Algete para informarles que habían detenido al presunto asesino, mucho se ha venido diciendo sobre este sobrecogedor caso por el que no pocos –seamos sinceros- apostaban al pensar en una definitiva solución.

El matrimonio unido en la tristeza y en una fe que ha movido montañas, hasta ahora no había abierto sus sentimientos, al detalle, como podrán leer en esta entrañable entrevista tras la cual podremos valorar global y puntualmente los sentimientos de una familia que jamás perdió la esperanza de que llegaría la hora de hacer justicia.

Al abrirnos las puertas de su casa Olga y Manuel nos muestran la placa de agradecimiento que días después iban a entregar y en la que podemos leer, textualmente:

Eva Blanco, asesinada el día 19 de abril de 1997 a los 16 años de edad en la localidad de Algete (Madrid).

Quizás no existan palabras en la familia Blanco-Puig para poder expresar, nuestro más sincero agradecimiento a la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Tres Cantos (Madrid), a Jefatura y a todos los componentes de este benemérito Instituto que han colaborado y tras 18 años de investigación culminaron este ejemplar servicio con la detención en Francia del asesino de nuestra hija, Eva Blanco.

Ella ya descansa tranquila y disfruta de paz eterna.

Como portavoz de la familia, y padre de Eva, reitero mi más profundo y sincero agradecimiento.

Manuel Blanco Presa (12 de octubre de 2015)

Sollozan, sonríen, provocan largos silencios y se miran a los ojos…

¿Actuáis como si quisierais que Eva se enterara de lo que estáis viviendo?

Hombre claro, estoy segura de que nuestra hija nos ve -dice Olga-.Os lo juro: el otro día cuando salí a pasear con los perros vi una nube con forma de ángel y me dije: ¡Es Eva! ¡Es nuestra hija con forma de un ángel!

La complicidad que existe entre esta pareja que lógicamente ha compartido altibajos anímicos por el trance que tuvieron que pasar, es notoria.

Aún recuerdan, minuto a minuto, segundo a segundo, cómo pudieron –ni ellos saben cómo lo soportaron- sacar fuerzas para sobrevivir a aquella noche en la que Eva no regresó…

Es horrible, buscándola por la carretera, por los hospitales, en el Ramón y Cajal, en La Paz y, aunque sabíamos que no iba, hasta en una discoteca de San Sebastian de los Reyes donde acudían muchos chicos de Algete. Las horas  no pasaban nunca…En aquel terrible momento Olga me dijo que por qué no me iba por la carretera de Cobeña y yo le dije que a qué iba a ir por allí, si acaso me voy hacia Fuente el Saz… ¡Y fijaros por dónde!

Olga recuerda con el corazón roto:

Los amigos la vieron por última vez en el parque…a 500 mts. de aquí. Había un marroquí aquí cerca trabajando en una obra que me decía: ‘Cómo puede haber una niña que camine tan pronto’ porque llamaba la atención de lo rápido que caminaba.

Pasaban las horas y la angustia era enorme…Al ver que transcurría tanto tiempo hasta recorrimos un chalet que estaba en obras, de punta a punta. Se hizo de día, pasó la mañana y ya pasado el mediodía vinieron a darnos la horrible noticia…

¿Y tú Manolo que vas y vienes tanto por tu trabajo, cómo has hecho para “digerir” durante todos estos años que tal vez te cruzabas con el asesino de Eva?

Hay que vivir ese tipo de experiencia, sientes como si mil cuchillos te atravesaran pero ahora, gracias a quienes nunca les agradeceré bastante, tengo la tranquilidad de entrar en un bar, sabiendo que allí, una de las caras que me mirase podría ser el asesino de mi hija y lo más tranquilizador: tal como me ha dicho la Guardia Civil, cuando nos dio la noticia ¡no conocemos al asesino!

Olga: ¿cómo llegaste a decir por la radio, ahora seguro que muchas bocas se callarán?

Bueno lo dije porque ha habido programas que han hablado más de la cuenta.

Insinuando cosas que no tenían que insinuar. Yo tengo dos hijas…Lo que quiero es un respeto hacia Eva que está muerta y no se puede defender. Yo soy su madre y sabía muy bien cómo era. Esas bocas que han hablado de más que ahora las cierren un poquito.


La educación y el “saber estar” que tienen nuestros anfitriones les permite posar para “Tu Revista” mientras con una entereza im-pre-sio-nan-te nos muestran fotografías de Eva en diferentes momentos de su vida.

Aquí la vemos siendo una beba…Aquí cuando se disfrazó para…En esta otra con nosotros…Y con su hermana…

Nos iba diciendo la madre de Eva, al señalar cada una de las fotos que ilustran este reportaje y mientras lo hacía observaba también algunas de las últimas imágenes antes de que la vida les sorprendiera con ese varapalo que no cualquiera podría resistir.

Eva era una niña normal, como todas las niñas del pueblo, una niña que cumplía sus horarios. “Eva recuerda que a las diez en casa”, le decía y a las diez meno cuarto ya la oía regresar…Siempre así ¡más que puntual! Por eso aquella noche…

Se expresa sin balbucear a pesar de la tristeza que hace acto de presencia en sus ojos, en su voz, en sus manos. Y mientras mira fíjamente a su marido, agrega:

Por eso los correveidiles que hubo a raíz de la desgracia que vivimos han tenido que desaparecer aunque hubo que esperar años.  Yo la oía llegar, como digo, con la alegría en su voz y sabiendo que era una adolescente ejemplar. Esa noche no la oí llegar y por eso…

La pregunta llena de rabia: ¿”Por qué”? ¿Por qué?” aunque no la pronuncia ante el periodista es como si la dejara flotando en la atmósfera de un hogar digno del mayor de los ejemplos a la hora de soportar una angustia interminable pero también a la hora de agradecer a tantísima gente y sobre todo a la Guardia Civil que jamás claudicó en su afán de seguir adelante.

¿Qué pudo pasar aquella lluviosa medianoche para que Eva, que no se fiaba de ningún desconocido, subiera a un coche y…?

Creo que a lo mejor la obligaron. Pero como eso nadie lo sabe…

Otra vez el verbo entrecortado de esta madre que enfatizó:

¡Y menos al coche de él! ¡Y menos iba a subirse por las buenas al coche de ese sujeto! Si hubiese sido un amigo nuestro quizás…pero al de esa persona a la  que no conocíamos de nada y ella tampoco…

Manuel nos comenta:

Dicen que si iba  a la discoteca…aquí en Algete había un Pub en el que daban refrescos y de ser así ella tenía permiso hasta las 12.

A lo que Olga, subraya una vez más admirando la disciplina horaria de su hija:

Y ella  a las 11,30 ya estaba con sus amigos. Esta vez regresaba incluso un poco antes, se venía para casa pues estaba cansada.

Recordar lo que le comentaron sus amigos y que no regresara nunca más cuando ya se encontraba muy cerca de su casa, es algo que cada vez que lo piensan vuelve a romper el corazón de unos padres que desde entonces, por más presunto asesino que se descubra y por más “esto” y por más lo “otro”, ya nunca serían los mismos.

El destino nos arrebató a nuestra querida Eva…Recuerdo aquella noche…Eran las doce menos cuarto y yo me estaba duchando. Llamé a Manolo que no estaba en casa para decirle que Eva no llegaba, que pasaba el tiempo y ella no llegaba.

Manuel interviene en la conversación:

Lo primero que dije para tranquilizar a Olga es que no se pusiera nerviosa, que seguramente no tardaría en llegar y después comenzó nuestra búsqueda desesperada. Aquí, allá, más allá, como ya sabéis, fue desgarrador…

Yo también salí –comenta Olga dando lugar a un relato, dieciocho años después como si lo estuviera viviendo ahora mismo- ¡No se me olvida! ¡Son imágenes que tengo clavadas! Era una noche lluviosa con esa gota pequeñita que tanto molesta. Quienes se cruzaban conmigo por las calles pensarían que estaba loca ya que yo gritaba el nombre de Eva con todas mis fuerzas…Sí, sí, por las calles llamándola a gritos, primero por el vecino parque de los Olivos y después por donde caminaba con el único fin de encontrar a mi hija. Lo tengo, como os digo todo grabado en mi memoria, como la imagen de un hombre con el que me cruce enfundado con una gabardina, algo que me impactó un montón. La gente que esperaba el autobús, repito, pensaría que estaba loca. Yo iba con una buena amiga, madre de una de las amigas de Eva.

Olga mirándonos a los ojos con los suyos llenos de lágrimas, repitió un par de veces…

¡Y empezamos a buscar por los cubos de la basura! ¡Por los cubos de la basura! Las autoridades, como es habitual en el caso de las desapariciones, me dijeron que teníamos que esperar que pasaran veinticuatro horas. También en esta búsqueda desesperada tuvimos la inestimable ayuda de un sobrino mío, municipal.

Manuel interviene nuevamente:

Yo entonces era responsable de Protección Civil y fui a decir a la Guardia Civil que no iba a denunciar la desaparición de mi hija ya que las pautas legales nos obligan a aguardar un tiempo sino que iba a pedirles que me echaran una mano. Era una carrera contra el tiempo y sumidos en la desesperación…Después pasó lo que pasó y con el paso de los años ¡Vaya si la Guardia Civil nos echó, no una, sino todas las manos del mundo! Y pensar que por pocos meses habría prescripto. Es inverosímil…¡Un delito de esta naturaleza no debería prescribir nunca!.

¿Es verdad Manuel que –como nos ha dicho tu esposa- tienes la intención de viajar al pueblo francés para hablar con la mujer del presunto asesino?

Sí, se lo dije a Olga. Cuando tenga tiempo iré a ese pueblo francés para decirle a esa mujer que ha convivido con un monstruo. Posiblemente lo haga, en el momento que lo juzguen. Le diré además que ella no tiene culpa de nada y menos mal que se ha desecho de él. Y claro que le diré que nosotros con ellos no tenemos nada, y lo mismo se lo haré saber a los hermanos de ese presunto asesino…Que ellos no tienen culpa de nada.

Al leer estas líneas más de un lector tal vez se sobrecoja pero otros en cambio a lo mejor no entienden la actitud de este hombre, de esta mujer, en definitiva de una familia que se caracteriza por su corrección y su bondad con todo aquel que les ha tratado en las distancias cortas.

No por ello dejan de ser correctos también a la hora de señalar una pena justa para quien les ha hecho sufrir tanto.

Si lo hubiesen juzgado hoy estaría en la cárcel el resto de su vida pero como es un delito cometido hace 18 años lo juzgan con la ley de entonces. Para mí deberían juzgarlo con la ley que hay actualmente.

Exactamente –dice Olga ahora con un timbre de voz determinante- Él se beneficia, nosotros no tenemos a nuestra hija, se va a una cárcel que está pagada por el Estado en la que va a vivir de maravilla y encima pide irse a Francia ¡¿Pero qué estás exigiendo?! ¡No exijas nada! Te condenan y vas a la cárcel, por tanto no estás en condiciones de exigir nada. Y si te juzgan y te dan 20 años, que los cumplas…

Y agrega, dubitativa al mismo tiempo que apesadumbrada:

Veinte años que seguramente no va a cumplir…Cumplirá  10 ó 12 y para su casa…

Manuel Blanco que en el momento de la entrevista recibe una cariñosa carta de la Delegada de Gobierno a quien quiere agradecer públicamente, comenta algo que como se sabe suele ser ley tácita dentro de los reclusos en relación con el tipo de delincuentes como el que acabó con la alegría de vivir de esta ejemplar adolescente:

Bastante, cumpla los años que cumpla, va a tener al entrar en prisión. Seguro que al poco tiempo de entrar va a tener serios problemas que sufrirá en carne propia. En la cárcel hay muchos padres de adolescentes como Eva y estén allí por lo que estén, la mayoría no estará por crímenes aberrantes como el que sufrió nuestra inolvidable Eva. Sea un chorizo como vulgarmente se dice, haya estafado, robado o lo que sea, todos tienen familia y a los tres o cuatro días, seguro que este personaje va a tener un problema.

¿Y tú, si lo tuvieras frente a ti, qué harías?

Hace siete u ocho años, me lo cargo. Hoy ya pienso distinto…La ética, mi familia, mis obligaciones y que sufra lo que tenga que sufrir.

Olga nos da su opinión:

No lo puedes matar porque tú no eres como él. Vas a condenarte y vas a la cárcel…Yo no puedo matar a esa persona porque sería una asesina. No creo que Eva quisiera eso, que le matáramos

Además –reflexiona Manuel-, si le matas deja de sufrir. Que le juzguen  y que vaya a la cárcel.

Olga ¿Cómo reaccionarás en el juicio, con él, respirando el mismo aire?

En el juicio voy a estar mirándole constantemente a los ojos, que recuerde cada segundo que yo soy la madre de Eva. La madre de la que él ha matado.  Al pensar en Eva yo le digo a mi marido: “Mira el cielo Manolo…Todas esas nubes que están allí son las casas de tantas familias que han muerto, y esa pequeña que está allí, es la de Eva y el niño que perdimos al poco tiempo de nacer. Allí están  Eva y el niño.

¿Cómo era ella?

¿Vosotros veis cómo es Manolo?  Pues ella era así, una niña muy tímida. El carácter era más de su padre, más reservada, aunque conmigo lo hablaba todo.

Al preguntarles el por qué de una numeración que Eva repitió en su agenda privada, el por qué de aquel 3 4 3 1 1 0, nos dijeron con incertidumbre:

No tenemos ni idea. A lo mejor significa mamá o papá  -responde Olga- 

Yo siempre pensé que era un busca personas de esa época –dice Manuel- El 110 es el código postal de Algete. Pienso yo que podía ser el número de alguien…

Números que desde la silenciada agenda de Eva, también fueron testigos de cambios de actitudes, de estados de ánimo, de nuevas conductas en la familia Blanco desde aquella fatídica medianoche.

EVA BLANCO La desaparición de Eva –confiesa Olga- ha influido mucho en nuestros caracteres, sinceramente ha repercutido mucho. Manolo ha cambiado, yo he cambiado. Hemos cambiado todos en la familia. Ahora mis hijas están las dos casadas, pero en ese momento, sobre todo con la pequeña, tuve actitudes de sobreprotección, por así decirlo, ya que eran muy parecidas y temía que él –fuese quien fuese- estuviera por aquí. Con deciros que la castigaba sólo por bajar las escaleras de prisa, le decía, ahora subes y las bajas despacio. Y si no lo hacía le decía: pues ya está, castigada: ya no sales.

Olga se centra en el recuerdo, pero también en el presente y futuro de su familia:

Sé que ningún médico me podrá curar mi corazón.  Mi corazón está muy destrozado. Y creo que una muy mala enfermedad de la que me estoy tratando me vino de tanto pesar.

Aunque me he criado entre monjas nunca he sido practicante, pero sí puedo deciros que he rezado todas todas las noches pidiendo que alguien golpeara mi puerta y me dijera que ya tenían al asesino; 18 años venía rezándolo, implorándolo, pidiéndolo hasta que así ocurrió. 

Como si tuvieras un guionista al que le pediste que escribiera un final feliz…Esperando que el timbre suene.

Exactamente, porque ese día llegó y el timbre sonó… Ver a nueve hombres hechos y derechos, llorando y diciéndote que tienen al asesino de tu hija, eso es lo más grande que te pueda ocurrir.

Nos dieron la noticia y como dije –subraya Manuel-, nos dieron la tranquilidad de saber que no era ningún conocido nuestro. Igual podríamos haberle visto alguna vez porque tengo entendido que dos hermanos trabajan para el ayuntamiento como jardineros o algo parecido, no sabemos, lo cierto es que el dolor no desaparecerá nunca pero, si la justicia sigue su curso, poder ponerle cara a un ser de esta naturaleza, sólo origina una y otra vez palabras de inmenso agradecimiento a la Guardia Civil.

Y Olga agrega:

Para mí  ¡los que han luchado por Eva, son gigantes!

Lo dice mi esposa y lo suscribo: Han luchado mucho… Nosotros gracias a la prensa, recordaremos año a año nuestro permanente agradecimiento.

Para Olga atrás quedan unas terribles pesadillas que, por primera vez comparte con nosotros al decirnos:

No veía la cara de él pero sí escuchaba los gritos estremecedores de nuestra hija, la veía llorar y me despertaba una y otra vez. Así estuve muchos años sin dormir porque la oía llorar y llorar. Siempre le he dicho a mis hijas…-nos hace una nueva confidencia mientras controla un incontrolable sollozo: ¡Cuánto habrá llorado en ese momento Eva! Porque era una niña llorona, lloraba por todo y al verse allí, lo que nos habrá llamado, es algo que siempre me pregunto…Pobrecita y ahora que vuelve la navidad cómo olvidar que hasta que mi nieto cumplió los tres añitos no volvimos a armar el árbol; cómo poner árbol si era Eva la que lo armaba. A  ella se le daba muy bien poner lazos y flores. La verdad es que ponía un árbol muy bonito cada navidad.

¿Y tus deseos para las uvas, Olga?

Las dos últimas que me tome: Una es para que le condenen para toda la vida, que por favor la Justicia le castigue bien y ojalá, como hemos dicho, le echaran la justicia de ahora y no la de hace 18 años…Y otro deseo: tener salud. Necesito tener muchísima salud, tengo 2 hijas y 4 nietos.

¿Y los tuyos, Manolo?

Escucho a Olga y me satisface verla así, hablando con vosotros porque la verdad es que hace mucho que no lo hacía. Los deseos que yo quería ya se han cumplido.

Y Olga mirando con ternura a su esposo, le dijo:

Ahora vamos a ser felices.

No puede ser de otra manera –confiesa- porque vivimos en una sociedad que no ha dejado ni un solo día en preguntarse por cómo iba lo de Eva; a mí me lo preguntaban cada día al dar mis paseos con los perros y me llamaban y me avisaban si salía algo por la televisión. Así durante largos dieciocho años.  Nunca nunca se han olvidado. Vivimos en un pueblo chapó.

 

Y Manuel emocionado recordó:

Y cuando estuvimos en la plaza un día de semana, allí estaban todos, fue emocionante ver la plaza tan llena…Eso lo movieron ellos, la gente del pueblo, nosotros fuimos como uno más. El pueblo lloró mucho a Eva, todos llenos de felicidad. Muchos años preguntándote siempre…había gente que tenía 20 años…y nos decían ¿Vosotros sois los padres de Eva? Gente que ni la habían conocido…Queremos aprovechar esta ocasión para decir públicamente que no sabemos cómo agradecer a la Guardia Civil, a todo el Pueblo, al Ayuntamiento que aunque ha pasado por distintos colores ¡siempre los hemos tenido allí!

Y dijo Olga:

Lágrimas del pueblo son las que vimos y las lágrimas de emoción al saber que  habían cogido al presunto asesino de Eva.

Mientras realizábamos la entrevista Olga y Manuel comparten con ALGENTE el instante en el que todos observábamos la cara del presunto asesino en  los informativos.

¿Ahora a la espera de juicio?

Todo va a ser bueno para nosotros a partir de ahora.

Lo necesitan…Lo merecen.

 

Una entrevista de

                                                                Julio Bonamino y Liliana Cozzi

                                                                   ©ALGENTE

                                     Fotos©Liliana Cozzi y álbum privado Familia Blanco