domingo, junio 16, 2024
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La imbatible lucha de Greenpeace “Océanos de Esperanza”.

El Santuario Antártico por el que viene luchando Greenpeace, es algo que, si aún no se ha convertido en algo histórico, puede que vaya camino de serlo.

Eso es lo que deseamos todos.

Veamos, obviando las extensas circunstancias que convirtieron este anhelo, primero en un “sí” –“cuasi” mayoritario- y, posteriormente en un “no”, que, en un nuevo y esperanzador camino –como explicaremos- se trata de revertir.

Como decimos, finalmente no se consiguió que se aprobara un Santuario Antártico que era-es- y será tan importante como “Tratado Global de los Océanos” para que pueda rubricarse como ese acuerdo histórico del que hablamos, en aras de proteger el hábitat más grande del planeta, que se encuentra permanentemente amenazado por la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento global.

Un tema en el que, evidentemente, ante la falta de un acuerdo, hay que preguntarse.

¿¡Y ahora, qué!?

Para encontrar respuesta a esa y otras preguntas, ALGENTE  conversó con los entregados y abnegados miembros de Greenpeace, quienes nos ayudan a trazar un perfil con miras a arribar, por fin, a lo que se denomina: “Océanos de Esperanza”.

A partir de ahora, el retocomenzaron diciéndonosestá en conseguir que la ONU apruebe un Tratado Global de los Océanos que proteja el 30% de las aguas del mundo. Se espera que las conversaciones, que comenzaron el pasado mes de septiembre en Nueva York y durarán hasta 2020, configuren un nuevo y definitivo marco internacional para la protección de los mares. En resumen, de ser adoptado, este tratado abriría la puerta a la creación de una red global de santuarios marinos recogidos en un Tratado Global de los Océanos que deberá ser la futura ley internacional de preservación de los océanos.”

Chinstrap penguins look on, as a southern giant petrel patrols the colony, Half Moon Island, Antarctic, 20th March 2018. Greenpeace is documenting the Antarctic’s unique wildlife and landscapes to strengthen the proposal to create the largest protected area on the planet, an Antarctic Ocean Sanctuary. Photo: Paul Hilton / Greenpeace

Al adentrarnos poco a poco en el tema y en los por qué de la imprescindible existencia del Santuario, los datos, estremecen…

“Por ejemplo: cada  hora 11.000 tiburones mueren a manos de la industria pesquera. Los océanos, esa masa azul que da color y alma al planeta, proporcionan la mitad del oxígeno que respiramos. Sin los océanos, no podríamos sobrevivir. En esta fuente de vida, además, no sólo hay agua. Son el hábitat más grande de la Tierra y albergan una maravillosa diversidad de vida salvaje, que va de las tortugas y las ballenas a los enigmáticos arrecifes de coral de agua fría y los jardines de esponjas de los fondos marinos. Los océanos son un milagro de vida amenazada seriamente por el cambio climático, por la sobrepesca descontrolada y por la contaminación global.”

¿Y qué previsiones negativas podemos apuntar en algunos de los Océanos?

Las previsiones alertan  sobre la presencia de gigantescas áreas muertas que se expanden, por ejemplo, por el Pacífico: aguas cada vez más calientes y en proceso de acidificación, de miles de toneladas de plástico en el mar.

¿Y podemos hablar de razones concretas  a ese respecto?

Las razones son múltiples. La temperatura del planeta crece debido al cambio climático. Las aguas –como decimos- se acidifican y pierden carbono que liberan a la atmósfera y contribuyen a su vez al calentamiento global. Por su lado, los pesqueros industriales son capaces de llegar hoy a áreas que antes eran demasiado remotas y pescan en alta mar a profundidades de miles de metros. Además, los pesqueros modernos capturan con sus artes industriales animales marinos como las tortugas laúd o los delfines que pueden quedar atrapados en las redes y ahogarse.

¿Hablamos de una gran amenaza?

Sin duda ya que esta pesca industrial es la principal amenaza emergente para los océanos mundiales…

¿Y qué dicen los científicos acerca de esa “mala salud de las aguas” y lo que ello significa…?

A pesar de la mala salud de las aguas, que pertenecen a toda la humanidad y todos tenemos la responsabilidad de proteger, los científicos, precisamente: sostienen que, si preservamos el 30% de los océanos para el año 2030, podríamos lograr una regeneración completa. Según los estudios, este 30% debería ser reservado inmediatamente como santuarios oceánicos completamente protegidos del impacto humano directo. Unas áreas marinas extensas y bien diseñadas serían capaces de capturar y guardar carbono, de restaurar los ecosistemas y, por tanto, ayudar a proteger la biodiversidad y contribuir a frenar el cambio climático

A pesar de esa falta de acuerdo, desde Greenpeace nos dicen que por primera vez en la historia  “y después de mucha presión por parte de grupos como Greenpeace, los gobiernos comenzaron a negociar un acuerdo global de protección marina”.

Tras los frustrados resultados que media humanidad sigue sin explicarse, quisimos saber qué tiempo ha transcurrido de aquellas primeras conversaciones.

Nada más y nada menos que una década de discusiones preparatorias… Los gobiernos de la ONU resolvieron dar un primer gran paso para el cambio, gestando así un gran Tratado Global de los Océanos a la espera de una oportunidad definitiva para la protección de ese 30% de los océanos que los científicos consideran clave para su regeneración.

Y en esta nueva etapa esperanzadora para acordar un acuerdo definitivo ¿qué tiempo pensáis que pasará?

Se espera que las conversaciones, que comenzaron el pasado septiembre en Nueva York, durarán hasta 2020 y en esta nueva etapa pueda configurarse un nuevo y definitivo marco internacional para la protección de los mares englobando, no sólo a la pesca, sino también a otros sectores extractivos como el petróleo y gas.

Entonces, ¿ya se podrá vislumbrar la creación de esos santuarios que algunas potencias han rechazado?

Cuando se adopte, evidentemente este tratado abrirá la puerta para la creación de una red global de santuarios oceánicos, recogidos en un Tratado Mundial de los Océanos que deberá ser la futura ley internacional de preservación de los océanos. Los tiempos salvajes en las aguas internaciones tendría así, los días contados. Recuperar la salud de los océanos es hoy más posible que nunca.

En Greenpeace nos recuerdan queel santuario sería un refugio seguro para pingüinos, focas y ballenas, protegidos de las presiones del cambio climático, la contaminación y la pesca industrial y que contó con el apoyo del Gobierno español, apoyo que se sumó al de Alemania, Reino Unido, Francia, Austria y Chile”.

Ahora nos encontramos, como decíamos, ante un nuevo y esperanzador “compás de espera” que no hubiese sido necesario de no ser por el rechazo de China, Rusia y Noruega.

No en vano el director de Greenpeace España, Mario Rodríguez, oportunamente insistió acerca de que  “en el fondo del océano puede parecer lejano, pero lo que allí sucede es crucial para nuestro futuro.” Destacando asimismo, en ese sentido “el  apoyo del Gobierno español, un impulso fundamental para la protección marina. El santuario frenará –subrayó- muchas de las amenazas actuales que se ciernen sobre la Antártida, como la pesquería de kril que se solapa con las zonas de alimentación de pingüinos y ballenas”.

A lo que determinantemente, agregó:

“La Antártida no tiene voz, pero somos un movimiento de más de dos millones de personas –en referencia a quienes se han adherido en todo el mundo a la campaña de Greenpeace- que sí la tenemos. Y nos hemos hecho escuchar”.

Hay que recordar también las palabras –lacónicas- del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien dijo textualmente: “Permítanme decirlo alto y claro: quienes puedan imaginar nuestro planeta sin ballenas, pingüinos y otras especies, tendrán también que imaginar nuestro planeta sin seres humanos”.

Por suerte,  en este nuevo camino que hemos explicado, esa “oportunidad histórica” que se había perdido, sigue viva y, seguramente que, gracias al apoyo de Greenpeace y de quienes ven lo importante que esto es para el planeta, todos podremos darnos la “enhorabuena” .

 

Julio Bonamino/ Bayres /ALGENTE

Agradecimiento: Greenpeace