CHARLES AZNAVOUR, SUS ROMÁNTICOS 92 AÑOS…

El gran artista francés volverá a arrasar en el Barclaycard Center con sus románticas canciones, en un concierto en el que interpretará lo más granado de su repertorio de fama mundial.

Charles Aznavour volverá a arrollar en el Barclaycard Center con sus románticas canciones el último día de este flamante enero en un concierto en el que interpretará lo mejor de su repertorio de fama mundial.

Un Charles Aznavour que, a sus ¡¡92 años!! llega a la capital de España con un espíritu tan jovial que sirve de ejemplo para “otras edades” que con muchos años menos, no atesoran esa ilusión que, hace unos días puso en pié al público de Paris, de Lisboa y que dentro de nada estará al frente de una comedia musical en los Estados Unidos.

Increíble la sencillez de este insuperable Don Charles Aznavour que posó para la prensa en el Hotel Wellington y que (todo hay que decirlo): con su simpatía y mirada afectuosa, hizo posible el encuentro con los periodistas a pesar del efímero instante que concedieron quienes convocaron a la prensa  -paradójicamente- con el propósito que hablemos de su único concierto en la capital de España.

La categoría de este caballero francés con origen armenio traspasa cualquier frontera de marketing, algo que hace años ya nos lo había demostrado, primero en Miami y después en Buenos Aires donde tuvimos la suerte de contar con sus sinceras comillas que hoy también nos acompañan.

Como cantante le conocemos todos, pero como persona hay que transitar  por muchos recuerdos para acercarnos a este ciudadano del mundo.

Sus respuestas, directas y telegráficas, no dejan indiferente a nadie cuando, por ejemplo, se le pregunta por la humanidad, por la gente, por los necesitados y él –sin dudar un segundo- dice, entre otras muchas cosas que “sólo me interesan los escenarios en los que no entra la política, sin embargo estoy del lado de los que piensan que por supuesto hay que salvar a la humanidad”.

Al querer el periodista indagar sobre su estado de ánimo, Charles se plagia a sí mismo con una frase que nos dijo en América en un par de ocasiones con muchos menos años y que  ahora ha vuelto a repetir ante docenas de magnetófonos y ante las ondas radiales:

Estoy feliz como cada mañana al despertar, feliz por estar vivo…

¿Se levanta y…?

A mi estudio donde cada día compongo, repaso canciones, esbozo nuevas letras dentro de esos momentos en los que disfruto de la creatividad, luego si no trabajo, disfrutar de mi gente y por la noche siempre con un libro en la mano

Su vida es muy disciplinada, detalle que como subraya le permite “cantar sin parar porque disfruto cada segundo de los ciento veinte minutos que suele durar mi presencia en el escenario”.

No cabe duda que Aznavour, a sus años, se cuida al máximo porque sabe lo que implica seguir actuando en directo, atendiendo a la prensa y viajando como un gladiador que, como ha confesado piensa seguir…¡hasta los 100!

¿Se cuida en las comidas, en los horarios?

Por supuesto, sin método, sin disciplina, no se puede conseguir lo que de momento he conseguido…

¡Lo que ha conseguido! Nada más y nada menos que cien millones de discos vendidos, trescientas canciones en las gargantas de varias generaciones de medio planeta…

¿Y lo que queda, no?

Como os decía, me levanto cada día con nuevos proyectos y multitud de ilusiones. Ver la luz del sol, contemplar la luna, las estrellas, vivir cada instante de la vida…

Charles Aznavour por distintos conductos ha recordado y recuerda su niñez y adolescencia como si no hubiesen pasado 92 años ya, es decir: evoca aquellos años con la nostalgia de un romántico pero que jamás ha dejado de “pisar la tierra”.

No tenemos más que observar algunas de las fotografías de su pasado en diferentes situaciones, en portadas de discos, en ruedas de prensa y, sin ir más lejos,  instantáneas que obtuvimos de él recientemente, para notar en su rostro un deje de tristeza aunque en verdad confiesa vivir cada minuto con la mayor felicidad posible pero, tal vez, sea por el perfil que caracteriza a los emigrantes.

Leamos pues cómo recuerda en primera persona algunos pasajes de aquellos juveniles años…

“Mi padre Mischa Aznavourian y mi madre Knar Baghdasarian se encontraban de visita en Francia, a la espera de una visa a los EE.UU pendientes del cuidado de un niño pequeño que era yo y de mi hermana Aída que nació en Grecia durante este viaje.”

Sobre su querido padre, apunta:

“Mi padre era un ser maravilloso pero se le daba mejor cantar que dirigir un comercio. Él abrió su propio restaurante donde tuvo la buena idea de contratar a una orquesta húngara pero claro, si ayudaba a los estudiantes sin dinero y le daba crédito a los amigos que le visitaban, lo del Restaurante no le duró mucho tiempo. Estoy orgulloso, también, al recordar a mi padre que se alistó como voluntario en el ejército francés para agradecer al país que lo acogió y le permitió tener una familia.”

Sobre su madre, recuerda sobre todo que “tenía una formación literaria…Pero claro, en aquella época ella fue encontrando pequeños trabajillos como costurera. Pero su fuerte pasión era el espectáculo y siempre encontró caminos positivos en ese sentido.”

Sobre sus estudios se expresa con cierta sorna aunque, como veremos, su buen humor e ironía quedan patente en lo que dice:

“Mi hermana y yo nos apuntamos a la Escuela pero debo confesar que he estado y estoy  muy orgulloso de mi único certificado de estudios de primaria.¡Tuve que esperar setenta años para obtener un segundo certificado como Doctor Honoris causa de varias universidades de todo el mundo”.

Sobre sus comienzos recuerda con nostalgia que “fue un período maravilloso a pesar de que las críticas eran crueles. Y… ¿Qué me criticaban? ¿Mi voz, mi altura, mis gestos, mi falta de cultura y educación, mi franqueza, mi falta de personalidad? Mi voz no podía cambiarla. Los profesores que consulté fueron inflexibles y me aconsejaron que cantar”.

Está claro que Charles Aznavour recuerda aquellos principios unidos a la derrota sabiendo que después llegaría un éxito fulgurante, incluso subrayado por quienes le criticaron cruelmente:

“El año 1956 marcó el primer gran impulso de mi vida como cantante…Fue durante un recital en Casablanca en el que la reacción del público fue tal, que inmediatamente me lanzó al estrellato. Y de ahí, por primera vez a cantar en el Olympia tras lo cual los contratos se fueron sumando unos detrás de otro. Con 36 años, actuaciones, películas, algo imparable…”

Ahora, en Madrid, con 92 otoños, nos da “lecciones” de ilusión y canta a la vida en lo personal y en lo profesional.

Un inigualable cantante, un hombre vital: Charles Aznavour…

 

 

                                                        © ALGENTE

                                                Fotos© Liliana Cozzi

                                                        ©Charles Aznavour

                                          Agradecimiento a Nicolás Aznavour