domingo, abril 21, 2024
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ARA MALIKIAN: UN MÚSICO ÚNICO

El cada vez más aclamado violinista participó en la campaña de sensibilización que él y Acción contra el Hambre iniciaron, coincidiendo con el Día Mundial de los Refugiados.

Un artista genuino y revolucionario, que ha reinventado la interpretación de este hermoso instrumento, y además un hombre comprometido y solidario…

Sobre esta nueva actitud altruista es el propio Ara quien recuerda a ALGENTE algunos episodios de su particular vida que pocos saben y que él, lógicamente, no olvida:

“Tuve que huir de la guerra en Líbano cuando tenía 14 años por ello –y por múltiples razones- he reservado un lugar muy especial a los refugiados en el fin de mi gira 15 (www.15conlosrefugiados.org): donaré un euro por cada entrada vendida, para apoyo alimentario y nutricional a los refugiados en Líbano, en mis conciertos sinfónicos del 4 de septiembre en Santander; del 9 de septiembre en Málaga; del 11 de septiembre en Valencia; del 15 de septiembre en Madrid y del 18  de septiembre en Zaragoza”.

Hemos podido saber que Malikian, asimismo, se encuentra componiendo una pieza musical inspirada en esta experiencia que formará parte de su próximo disco.

Sin duda esta iniciativa del artista como solemos decir en parecidas actitudes solidarias, es algo a imitar y, particularmente, tratándose de Acción contra el Hambre  (www.accioncontraelhambre.org), organización humanitaria internacional e independiente que combate la desnutrición infantil a la vez que garantiza agua y medios de vida seguros a las poblaciones más vulnerables. Sus responsables comentan a “Tu Revista”:

“Intervenimos en más de 45 países apoyando a 15 millones de personas. Nuestra visión es un mundo sin desnutrición; nuestro primer objetivo, devolver la dignidad a quienes hoy viven amenazados por el hambre”.

A pesar de que Ara Malikian no dispone, prácticamente, de tiempo para recibir a la prensa, pudimos mantener un encuentro con él para conocerle algo más en las “distancias cortas”.

¿Cómo viviste en carne propia la angustia de haber sido un refugiado con apenas 14 años?

Bueno, obviamente han sido años difíciles pero ahora, viendo los refugiados de hoy día, me doy cuenta de que tuve mucha suerte porque a diferencia de los refugiados de hoy, tuve la oportunidad de estudiar, de trabajar y gracias a esto pude forjarme un futuro. Hoy en día los refugiados no tienen esta suerte que tuve yo. Los refugiados, especialmente los que hemos visto en Líbano, no tienen un estatuto de refugiado que les permite estar legal en un país, están ilegalmente, lo que significa que no pueden trabajar, los niños no pueden ir a estudiar y es una situación muy difícil en la que de momento pueden sobrevivir gracias a ayudas como la de Acción contra el hambre. Están pendientes de condiciones políticas para ver qué va a pasar con su futuro.

¿Entonces a ti sí te posibilitaron el forjarte un futuro?

Sí, porque el simple hecho de tener papeles, puede parecer una tontería pero significa estar legal en un país y te permite empezar a estudiar o trabajar…

¿De todas las penurias que debe soportar un refugiado, cuál fue –en tu caso- la más lastimosa?

La más lastimosa sin duda tener que soportar las miradas de desprecio de la gente. Lo bajo que te sientes cuando te miran de esta manera. Aparte de haber perdido tu casa, tu familia, tu hogar, aguantar este tipo de racismo, es lo más duro.

Desde el recuerdo y ‘con el corazón en la mano’ nos comenta que “por mi aspecto, por mi raza, tuve que soportar miradas de desprecio como refugiado alemán y con sólo 14 años.

Sí.

¿Cómo conseguiste sobreponerte a ese destino aciago, salir adelante y ser hoy, un consagrado del violín en medio mundo?

El que tu trabajo guste, te motiva para trabajar y seguir adelante. Cuando era joven, a los 15 años, estudiaba mucho, practicaba con el violín entre 10 y 12 horas diarias para poder dedicarme a ello en mi vida futura.

¿Siendo tan jovencito y habiendo vivido todo lo hablado, tenías claro que querías ser violinista?

Mi padre era violinista, nunca dudé que quería ser violinista, pero no sabía cómo. Lo que tenía claro era que quería tocar el violín.  Nunca pensé en ser conocido, simplemente quería hacer lo que más me gustaba y con lo que mejor me sentía.

¿Aprendiste a tocar con tu padre?

Sí, él me enseñó antes de separarnos. Cuando me fui como refugiado a Alemania, mis padres se quedaron en Líbano. Así que a partir de los 15 años, tuve que perfeccionarme sin ayuda de mi padre.

¿Has podido volver a ver a tus padres a lo largo de estos años, tras vuestra separación?

Sí, por supuesto. Los primeros años era muy complicado porque Líbano estaba en guerra y no había posibilidad de mucha comunicación. Pero cuando acabó la guerra, ellos pudieron ir a vivir a Marsella, y yo, con unos 22 años ya trabajaba y pude tener más relación con ellos. Tengo 2 hermanas que también se fueron como refugiadas a Francia. Fueron años muy duros, alejado de mi familia, pero de ellos también he aprendido a sobrevivir en cualquier circunstancia.

Seguro que recuerdas todas tus actuaciones pero ¿Cuál es el concierto que recuerdas con mayor emoción?

Es difícil escoger uno porque para mí todos los conciertos son emocionantes e importantes. Por ejemplo, el concierto que hicimos en el Teatro Real de Madrid fue muy especial para mí porque de repente vi en el escenario muchos amigos y compañeros de muchos años y fue bastante emocionante.

Dinos Ara, francamente ¿las penurias del pasado dejan huellas imborrables en la sensibilidad de un artista como tú?

Lo que he aprendido es mirar siempre hacia adelante, lo pararme demasiado a mirar el pasado. Cuando vives cosas duras, tienes que pensar en salir adelante

¿Qué melodía, qué solo de violín, le dedicarías al convulsionado mundo actual?

Es difícil. Hoy días hay mucha injusticia. No sé qué melodía poner a las injusticias, es muy difícil. A las cosas bonitas o alegres, es muy sencillo ponerles música, pero a las injusticias es muy difícil… Quizás una cacofonía…

¿Qué ha sido lo más difícil de tu profesión?

Lo que más me ha costado aprender ha sido cómo llegar al corazón del público, eso es lo más difícil. Y sólo se puede aprender haciendo conciertos.

¿De dónde surge un estilo tan personal a la hora de tocar el violín?

No fue premeditado ni calculado. Surgió poco a poco. Durante años quería ser algo que no era: un músico clásico, rígido, como eran todos los violinistas. Lo intenté pero vi que no encajaba. Así que poco a poco me convencí de que la mejor manera de hacer lo que me gustaba era hacerlo a mi manera, tratando de ser lo más natural posible. Uno no tiene que esforzarse para ser diferente, para ser tal como eres.

¿Te molesta o te gusta que cada vez salgan más imitadores de tu estilo?

Obviamente es un halago que intenten imitarte. Aunque yo a los jóvenes siempre les explico que pueden inspirarse en muchas fuentes pero siempre intentando hacerlo a su modo personal. Imitar no es un buen camino para hacer tu propio arte, hay que hacerlo de manera personal.

¿Qué sientes ahora, cuando la gente te mira con gran admiración, tras haber tenido que soportar aquellas miradas de desprecio a tus 14 años?

Estoy muy agradecido porque estas miradas han cambiado. Aunque sé que las miradas que recibí, me ayudaron a esforzarme más. Lo que siento es agradecimiento y me dan fuerza al pensar que estoy en el buen camino e intento seguir aprendiendo y haciendo lo que más me gusta.

Ara Malikian, sigue creciendo como artista y como persona