ANTHONY HOPKINS

Y la alegría de vivir

No siempre Hollywood, la Meca del cine, es lo que parece a la hora de mostrarnos la soberbia, la codicia, la ausencia de humildad, de sencillez y de simpatía de algunas de sus estrellas.

Y decimos ‘algunas’ ya que existen enormes excepciones como por ejemplo la de Anthony Hopkins que, treinta años después de su Oscar por “El silencio de los corderos”, acaba de recibir el mismo y merecidísimo galardón por su papel en “Padre”, un laureado drama intimista donde da vida a un padre con demencia.

Casado por tercera vez con la galerista Stella Arroyave y envuelto en ponderables críticas al haber recibido este nuevo galardón, en realidad merece la pena conocer su otro perfil, el humano ya que, más allá de sus valías actorales, Hopkins es dueño de una personalidad –la de ‘andar por casa’-, que desborda alegría, simpatía, sencillez, humildad….Todo lo que decíamos que no siempre se puede encontrar en los mundialmente encumbrados artistas.

Hoy, gracias a cierta intimidad que él mismo nos permite, podemos conocerle un poco más y, sobre todo, en esa faceta de hombre campechano al que no se le ha subido la fama a la cabeza.

Anthony Hopkins, a sus pletóricos 83, se siente más jovial que nunca y –como dice- “disfrutando de la vida que es otro Oscar, tan maravilloso a estos años…”

En plena pandemia, por esa ‘alegría de vivir’ que desprende en todos y cada uno de los videos que nos muestra en sus redes sociales, se ha convertido  estos días, por sus visitas, en uno de los reyes de estas ondas millonarias, ya que medio mundo disfruta de las fotos y videos del inigualable Anthony, un triunfador que no olvida –y así lo expresa mirando a los ojos- el haber pasado por profundas depresiones y haber sufrido una arraigada adicción al alcohol que, según sus propias palabras, desaparecieron de la incontrolable rutina de entonces, cuando dijo:

 “¡Basta, no quiero morir ni quiero causar mal a nadie!”

 Se lo propuso y así fue; él mismo lo cuenta:

“Estando en un hotel de Arizona me dije a mi mismo: ‘tengo que parar esto porque me voy a matar… Tengo que parar y así lo hice un 29 de diciembre del 75 (…) Lo hice y a partir de ese momento mi vida cambió radicalmente, adquiriendo un nuevo significado”.

Hace unos días, orgulloso y feliz por lo que ha conseguido desde aquella decisión, él mismo publicó en las redes sociales un video donde confiesa que lleva “45 años sobrio”, sin gota de alcohol en su cuerpo…

Vaya mérito para un bebedor dejar lo que venía apoderándose de su voluntad en una fecha tan señalada  y casi coincidiendo con el día que nació: un 31 de diciembre, allá por el 37, en Margam, suburbio de la ciudad galesa de Port Talbot.

Repasemos con algunas pinceladas y gracias a quienes se han detenido en la polifacética vida de este actor, algunos momentos puntuales de su infancia y adolescencia. Seguro que es del interés de todos nuestros lectores que admiran a Anthony Hopkins:

“Creció en aquel suburbio como hijo único de un panadero llamado Richard Arthur Hopkins que trabajaba de sol a sol… Su madre, Muriel Anne, parienta del poeta William Butler Yeats.

Los dos se preocuparon enormemente por su educación, pero según comenta él mismo: no destacó ni en los estudios ni en ningún deporte, “motivo por el cual –confiesa-, acabé en un internado donde me enviaron con el propósito de despertar ciertas inquietudes, pero -tal como además manifestó a ‘The New York Times’, aprendía mal, lo que me dejaba expuesto al ridículo y me provocó un complejo de inferioridad. Crecí absolutamente convencido de que era estúpido (…) Viví una infancia inútil y completamente confusa”.

Está claro que “sus años de estudio fueron poco productivos, por eso, sus padres, para despertar en él algunas disciplinas creativas hicieron que ingresara en diferentes y cualificados centros de estudios en Gales.

Pero está claro que lo suyo iba a ser su brillante carrera como actor así como sus diferentes facetas como creativo en general.

Según nos recuerdan, el haberse cruzado a muy temprana edad con Richard Burton, fue algo importante para nuestra laureada estrella de portada ya que, “efectivamente, influenciado por su compatriota Richard Burton al que conoció y trató cuando tenía 15 años, Anthony  se matriculó en Cardiff, en un colegio de música y drama galés donde se graduó antes de cumplir –durante dos años- con la llamada del ejército y después, habiendo descubierto su auténtica vocación,  continuó su formación en la Academia Real de Arte Dramático, egresando con conocimientos y con una ilusión que le llevaría a realizar sus primeras actuaciones hasta llegar a interpretar su primer rol protagónico teatral en ‘Coriolano’ (1971) y Macbeth (1972). Todo ello antes de debutar en el 75, con ‘Equus’ en  Broadway, papel que le brindó varios premios.”

Y en el cine, no lo olvidemos: lo primero fue su meterse en la piel de Ricardo Corazón de León, en ‘El león en invierno’ cuando corría el año 1968.

Hopkins es un auténtico protagonista de cada instante de su vida y dueño de una creatividad que cambia de rubro.

Igual lanza sus perfumes o sus aromáticas velas que nos sorprende con pentagramas que hablan de su otra faceta poética: la musical.

Así, por ejemplo, en su juventud, compuso el vals titulado: “Y el vals sigue” que, después de su estreno mundial, hizo que alguien como el violinista André Rieu, lo incluyera en su álbum llegando a ser disco de Platino.

Pero volviendo a lo suyo: el séptimo arte, digamos que su carrera, evidentemente, alcanzó la cima con su papel de Hannibal Lecter en ‘El silencio de los corderos’  y cantidad de historias que contaron con el increíble sello de Anthony Hopkins, como aquel mayordomo de ‘Lo que queda del día’ en la mansión de un político inglés del régimen nazi, junto a Emma Thompson (nominado al Oscar, así como otras nominaciones en su extenso palmarés cinematográfico); ‘Amistad’, de Steven Spielberg, en el papel de un abogado penalista que defiende la causa de un grupo de esclavos acusados de motín y homicidio;  ‘Los dos Papas’ dando vida a Benedicto XVI y un largo etcétera: ‘Drácula’, ‘Tierras de penumbra’, ‘Leyendas de pasión’, ‘Nixon’ y la lista sigue…

Nuestro protagonista que como decimos acaba de ganar un Oscar en plena pandemia, motivo por el que la ceremonia no trascendió al mundo entero con la característica majestuosidad  a la que nos tiene acostumbrados, reconoce que ya desde jovencito “quería ser famoso, tener éxito, ser rico…”

Con el paso del tiempo y a medida que conseguía sus más anhelados propósitos, así como ascendía en lo material, en lo artístico, fue protagonista de su primer fracaso matrimonial con la actriz

Petronella Barker. Corría el año 72 y Anthony no solo ‘rompió’ con ella tras seis años de unión sino que marcó lo que después sería un distanciamiento vital, cuando la pequeña Abigail apenas tenía 14 meses. Con el tiempo, su hija –actriz y cantante- y él recuperaron la relación pero ese reencuentro familiar fue más que efímero, rompiéndose definitivamente.

La sinceridad existencial de esta admirada estrella, quedó una vez más en evidencia cuando declaró que “ni siquiera sé si tengo nietos… Las familias rompen, se separan mientras la vida, sigue…”.

Su segundo matrimonio fue con Jennifer Lynton. Si bien el matrimonio duró unos 29 años, en todo ese tiempo trascendieron a la prensa diferentes relaciones que mantuvo el actor hasta que en su camino –y ya con nuevos éxitos a partir de “El silencio de los corderos”, roto su segundo matrimonio, se cruzó en su camino la que sería su tercera esposa, Stella Arroyave, sobre la que dijo:

“La conocí cuando yo luchaba contra una gran depresión. No confiaba en nadie, y menos en las mujeres (…) Stella es muy positiva y de ella he aprendido  a afrontar la vida de la forma que venga”.

Esta encantadora colombiana hizo despertar en él su interés por la pintura a tal punto que no pocos cuadros pintados por Anthony, que se caracterizan por mostrar un atractivo colorido, han llegado a alcanzar los 80.000 dólares.

Hay que destacar que el protagonista de la portada que hoy le dedica ALGENTE, tiene unos pilares humanos muy a tener en cuenta.

Así como repasamos algunos retazos de su vida artística, veamos pues por qué nos identificamos con  Anthony Hopkins a la hora de destacar determinadas valías humanitarias, sociales y filantrópicas que no pueden deducirse de un guion cinematográfico ya que, como veremos, su perfil de ser humano es tan natural como su espontáneo buen humor y su sincera sonrisa:

 “Hopkins se identifica con diferentes grupos filantrópicos, brindándole su incondicional apoyo a las más diversas organizaciones caritativas.”

Destaca –entre otras cosas- su presidencia de la ‘Fundación Nacional para Lugares de Interés Histórico o Belleza Natural’, y por ello ha brindado su apoyo a la hora de recaudar fondos para la preservación del Parque nacional Snowdonia…

“En ese sentido (leemos un informe que abunda en la generosidad del artista)  se publicó un libro, titulado ‘Anthony Hopkins Snowdonia’.”

También, subrayan y transcribimos textualmente: “Fue invitado de honor en una “Gala Fundraiser for Women in Recovery, Inc.”, organización sin ánimo de lucro de Venice, California que ofrece asistencia para rehabilitar a mujeres drogodependientes. También es maestro voluntario en “Ruskin School of Acting”, una escuela de actuación en Santa Mónica (California), donde él vive.”

No hay que dejar de resaltar su presencia en Greenpeace; por ejemplo, en su momento, formó parte de “una campaña televisiva, hablando acerca de la continua caza de ballenas por parte de Japón (…) Asimismo, fue patrocinador de una organización para la rehabilitación de adictos al alcohol, desde sus inicios y contribuyó a abrir la primera unidad de ayuda intensiva para adictos al alcohol y las drogas.”

Actor mundialmente admirado; creativo en el pentagrama, en el lienzo, en cada una de sus creaciones, hombre solidario, comprometido con la sociedad y, sobre, un ser humano entrañable.

Recibió un nuevo Oscar aunque no le habría hecho falta ya que, por todo lo dicho ¡y más! el mundo

entero le abre los brazos (hoy: le choca los puños o los codos)  a Anthony Hopkins que, en plena pandemia, disfruta de la vida tocando el piano junto a ‘Niblo’, su inseparable y adorado gato…

                                                                  © Julio Bonamino/ Bayres/ ALGENTE

                                                        Fotos:@anthonyhopkins/twitter de A.H./ álbum familiar