AINHOA ARTETA, UNA SOPRANO SOLIDARIA…

Ainhoa Arteta no para…Y es porque cada día, la exitosa soprano impacta más –si cabe- en el gusto de la mayoría: con su voz, con su presencia, con su estilo.

Ahora, además, con su nuevo disco “La otra orilla”.

¿Cuál es tu ‘otra orilla’ cuando bajas de los escenarios: tu hogar, desconectar en algún recóndito lugar, mezclarte con la gente  y “vivir” otra rutina…?

¡Mi casa, mi hogar! nunca mejor dicho; mi tiempo libre con mis hijos, con mis amigos, con mis mejores amigas, mis cenas con mi gente de toda la vida… Respirar muchísima tranquilidad. Y una ‘orilla’ que me encanta es ¡dormir! Llego tan agotada –pues tengo un ajetreo de vida importante- que para mí, dormir, es como un pulmón que hace que resista semejante ritmo. Ah y los fines de semana con mis tres hijos: mi hija que va a cumplir 20 años y los dos pequeños, uno mío y otro de mi marido. Ambos tienen 10 años y pasamos los fines de semana llevándoles al fútbol, a correr y a todo lo que más les divierte.

Ainhoa, desborda sencillez y simpatía a raudales. Recibe a ALGENTE en su espectacular residencia de La Moraleja donde, entre viaje y viaje, disfruta de esa tranquilidad y esa paz que tanto necesita…

Vives al cien por cien la rutina de tus hijos…

Totalmente porque creo que es una fórmula fantástica para que, como ha dicho Clint Eastwood: ‘no entre el viejo en mi casa’, es decir, que para mí, la fórmula es evitar que llegue ese momento en el que pienses ‘uy, qué mayor estoy’. Si tú misma haces una vida similar a la de los niños y jóvenes, es imposible que te entre la ‘viejuna’.

Y vaya si ‘regala’ jovialidad por los cuatro costados y una presencia estelar como hemos podido verla en ‘Prodigios’ en La Primera de Televisión Española.

Además –agrega convencida de lo que dice- es una forma de mantener los pies en la tierra. Cuando tuve a mi hija mayor no sabía el alcance de lo que significaba tener un hijo pero con una profesión como la mía y siendo mujer, he descubierto que mis hijos son una válvula de escape. Me ayudan, como digo, a poner los pies en el suelo. Cuando llego de una gran actuación y  he salido por la puerta grande,  al llegar a casa, el niño está resfriado, la niña está triste porque no le ha salido bien un examen… Y eso hace que ‘aterrices’ y que, de repente, vuelvas a la vida real.  ¡Es muy sano! Porque lo otro es muy bonito pero es efímero y no te puedes dormir nunca en los laureles. Mis hijos, yo los he creado y son mi responsabilidad. Cuando sean mayores harán lo que quieran pero mientras tanto y mientras pueda, tengo que darles todo lo mejor.

En el último Pregón con motivo de las Fiestas de la Virgen de la Paz en Alcobendas, pudimos comprobar -una vez más-, el fervor popular que despierta… No en vano es señalada como uno de los mayores referentes de la lírica nacional e internacional.

¿Alguna vez pensaste que llegarías a ser tan admirada y respetada?

No, la verdad es que todavía me lo pregunto. Muchas veces no entiendo que la gente sienta tanta admiración. Si con mi trabajo soy capaz de ayudar emocionalmente a personas, perfecto. Y económicamente también, pues mejor aún. Eso es algo que aprendí en mi casa: si hay dinero para casa y además puedes ayudar a los más necesitados… ¡Bienvenido sea! Nunca me doy por satisfecha. Por eso sé que moriré pobre pero estoy segura que tendré muchísimos afectos y moriré muy tranquila de saber que he compartido todo lo que tenía. Mi conciencia está en ayudar todo lo que me sea posible por ello,  siempre lo hago con mis conciertos y como puedo.

¿Cuándo supiste que tu ilusión era convertirte en una soprano?

Que me gustaba cantar lo supe desde niña, pero convertirme en una profesional del canto… Veréis: era mi sueño desde muy joven, pero cuando me fui a Nueva York, una ciudad con tantísima competencia, la pelea era feroz, pensaba en mis padres que soñaban con el idilio de que su hija iba a ser cantante de ópera pero yo no sabía si lo lograría. Lo que sí tenía claro era que fuera lo que fuese, el haber viajado a Nueva York ya me había cambiado y que era una persona con unos horizontes mucho más abiertos que antes de salir de aquí.

¿Y cuándo supiste que trascenderías fronteras como una profesional?

Cuando, con 28 años, en el 93, gané en el Metropolitan. Pero de ahí a todo lo que he llegado ahora, incluso perdiendo la voz y con los mercados como están, he tenido que renacer muchas veces y por ello, aprendí que esta profesión no se termina nunca y mi ilusión, aparte de cantar, es dedicarme a la docencia. Los que hemos tenido una carrera complicada pero a la vez muy exitosa podemos enseñar y aconsejar a los que empiezan…

¿Qué es lo que más valoras –aparcando la modestia-  de tu personalidad?

Tengo tantos defectos que no sé… Quizás, saber que no me rindo nunca. Los que me conocen me llaman “Lady corcho”, porque no me hunde nada ¡Siempre salgo a flote! Mi perseverancia es única, aunque esté agotada, no bajo la guardia. He llegado a trabajar dos meses con un ligamento roto en el tobillo derecho. Arriba de un escenario, no me frena el dolor y nadie en la butaca lo nota…

¿Cómo ves a la mujer siglo XXI en la sociedad actual? ¿Todavía notas discriminación?

Claro que hay discriminación pero ahora hay un movimiento pro la mujer y creo que bien hecho y bien tomado se pueden conseguir muchísimas cosas. No hay duda que -ya no como mujeres, sino como seres humanos-, a lo largo de la historia, hemos tenido que luchar por nuestros derechos. No sólo como individuos sino como civilizaciones. Me gustaría que llegásemos a un nivel intelectual suficiente para que estos conflictos que siempre hay, pudiéramos solucionarlos con diálogo y con respeto. Me parece lo más importante. Ese sería mi ideal por la humanidad.

¿Qué nos dices sobre el maltrato? De ser política: ¿endurecerías la ley, en ese sentido?

Yo haría unas penas durísimas para maltratadores, asesinos, etcétera. Si las penas fueses tremendamente duras, siempre tendrían mucho más reparo. Ahí sí que sería tajante. Las penas, durísimas y sin excarcelaciones.

Recordamos con ella que, dentro de una larga y exitosa carrera, su arte la ha llevado a presentarse en lugares reservados solo para los consagrados: el Metropolitan de Nueva York, La Scala de Milán, la Ópera de  París y un largo etcétera…Sin embargo, Ainhoa Arteta no solo no ha dejado de pisar la tierra, sino que además (con una agenda que saca humo), ha podido y querido dedicarle un valioso tiempo a la solidaridad, como una vez más lo sigue demostrando ofreciendo conciertos benéficos, como uno reciente organizado por la Fundación Luzón, a favor de los enfermos de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) en el Auditorio Nacional de Música bajo la presidencia de S.M. la Reina Doña Sofía.

Recordemos a nuestros miles de lectores que se trata de una enfermedad neurodegenerativa, irreversible que inmoviliza, poco a poco, a quien la padece, haciendo que se pierda la capacidad de hablar, de moverse, de comer, de respirar por sí mismos… Aunque, el enfermo, mantiene intacta su función cognitiva, sin dejar de  sentir y conservando la capacidad intelectual y emocional.

Es triste decirlo pero como apuntan los estudiosos, la esperanza de vida de un enfermo es de 3 a 5 años, de ahí que sea tan loable la iniciativa de la citada Fundación y, en este caso, de nuestra ejemplar entrevistada.

Estoy comprometida con esta y con muchas otras Fundaciones, intento dar mi apoyo. En el caso que mencionáis me hizo especial ilusión porque quiero mucho a Doña Sofía, creo que hemos tenido una suerte impresionante en este país (en esos momentos tan complicados de la transición) al haber contado tanto con el Rey Don Juan Carlos como con la Reina Doña Sofía, ya que han sido unos monarcas maravillosos por los que sentí y siento mucha admiración. Ella es un ser muy comprometido con todas estas fundaciones. En ese sentido somos bastante parecidas. Siempre da un refuerzo mayor el contar con una personalidad  importante en la que mucha gente se refleja, dándonos siempre un ejemplo de saber estar, saber dialogar, saber mediar… Hacen falta personas que den ejemplo. En mi caso, por tantísimas causas solidarias, pongo mi voz que es algo que me dio Dios…

Ainhoa Arteta: un 10. Como artista y como persona.

                                                                                 ©Nuria Santero/J.B/Bayres/ALGENTE

                                                                          fotos©Liliana Cozzi