¡ADIÓS VERANO, ADIÓS! Y… VUELTA A LA RUTINA

Adiós al verano Vivamos ese adiós al verano, pero sin consecuencias importantes…  Y  que, cuando llegue el otoño, entre en nuestras vidas, no con oscuras actitudes, sino con la actitud más positiva del mundo. Inténtalo desde este mismo momento. Serás más feliz.

La psicóloga argentina María LaSalle Bustingorris, que maneja a la perfección el tema que planteamos en estas páginas, se explaya en esta edición sobre el regreso a la rutina y sus consecuencias.

 


Es cierto que la vuelta a la rutina si has podido y sabido desconectar, vamos a vivirla con un carácter más relajado, pero atención: esa deseable actitud no es algo que, como se aprecia en un gran porcentaje de personas, nos “acompañe” todo el tiempo que quisiéramos, sino que,  paulatinamente y conforme vayamos adentrándonos en el día a día rutinario, se dispara la irritabilidad, la intolerancia y ese humor de perros (hay que decirlo, con “permiso” de esas mascotas pacientes que saben ocupar su rincón a tiempo), es decir: ese estado no recomendable de nervios dentro de una vida doméstica que en vacaciones imaginábamos de otra manera.

Y esos nervios, ese malestar, esa desazón generalizada puede alcanzar velocidades inimaginables acabando con parejas, con matrimonios que hasta vivir esa lamentable circunstancia, los veíamos como indestructibles.

Por eso mucha atención al mover ficha a ficha de esa rutina que se cuza cuando aún quedan días de sol y terrazas.

Sobre todo porque puede ser una rutina mal manejada que comienza a  protagonizar otra vez nuestras jornadas sumado a esa “vuelta al cole”, y a la inevitable compra de nuevos libros de textos, en medio de una eventual falta de liquidez por culpa de unas vacaciones tal vez desmesuradas y “en rojo”, al margen de tener que aguantar en la oficina o donde sea, ciertos comportamientos de ese jefe nunca bien ponderado que –es igual de humano que nosotros-  también descarga su mal humor en sus colaboradores.

Y qué decir o no decir de los nada ilusionantes madrugones y los atascos…

Por eso, mucho ojo, pues que lo que decimos no le sucede al vecino del quinto, sino a nosotros en carne propia, por lo cual hay recordar cada minuto que, el panorama para quienes no viven de las rentas, puede ser nefasto.

P.D:

Además de alquileres, hipotecas, impuestos, cuotas de aquí y de allá que se van juntando…

¡Un auténtico desastre!

Lo que hay que procurar, es que la vuelta a nuestras rutinas, no sea abrupta.

Intenta que el despertador suene cinco minutos antes, procurando levantarte con cierto tiempo para que entres en el día a día más despacio y sin nervios.

Que la televisión no sea el telón de fondo de tantas horas, sino que la veas como un premio a ciertas labores cumplidas.

Y por supuesto, aunque te cueste al principio pues vienes de trasnochar durante esos días que ya son historia, no caigas en ese error ya que sino pasará lo que decíamos renglones más arriba: tus despertares serán al límite de tiempo y con una histeria colectiva que repercutirá en todos los habitantes de tu casa y, cómo no, en los niños que se llevarán esos nervios al cole con las desaconsejables consecuencias.

Y hablando de niños, trata de estar pendiente de sus conversaciones, pregúntales acerca de sus profesores y compañeros, que, unos y otros llevarán consigo su particular rutina después de las que ya vuelven a ser, añoradas vacaciones.

Sino les apetece no les fuerces a darte detalles pero, si es al contrario, que esa inquietud  de compartir sus nuevas horas de cole, sean la estrella de tu salón.

Y cuando el entusiasmo de los primeros días vaya disminuyendo, no olvides recordarles la ilusión de lo que se comparte también fuera de clase como reuniones familiares, de grupos, cumpleaños, deportes y ese etcétera que volverá a nutrir nuevas ilusiones.

Los hijos son lo primero pero no hay que hablar sólo de la vuelta al cole, sino referirnos a que “la vuelta” es global ya que todos regresamos a una rutina social.Adiós al verano

Con todos los ingredientes que explicamos antes, en los adultos se dispara la ansiedad, el nerviosismo y como válvula de escape se dispara esa intolerancia de la que hablábamos y que irremediablemente suele pasarnos imprevistas y gratuitas facturas al circular por nuestras calles con esa “mala onda”, en un semáforo, en el ascensor de la oficina o de nuestra comunidad.

Por eso digamos “stop” a cualquier salida inadecuada para paliar una rutina que, al no haberla sabido asimilar paso a paso, puede  -y de hecho así ocurre en la mayoría de los ejemplos- convertirse en nuestro más cruel y perseverante enemigo.

Vivir en la mejor armonía, adaptándonos a los tiempos que corren y sabiendo tocar la tierra con nuestros pies para conducir lo que tanto nos ha costado: una familia, un trabajo, por el mejor de los caminos.

Vivamos ese adiós al verano, pero sin consecuencias importantes…

Y  que, cuando llegue el otoño, entre en nuestras vidas, no con oscuras actitudes, sino con la actitud más positiva del mundo.

Inténtalo desde este mismo momento. Serás más feliz.