MESSI cumplió 30 años…

El título que le faltaba

Recién cumplida la treintena, repasamos su vida con motivo de su reciente boda con Antonella, el amor de su vida.

Por encima de ‘balones de oro’, ‘pichichis’ y ‘champions’, Antonella Roccuzzo es lo mejor que le ha pasado a Messi, ese pequeño gigante del fútbol mundial que por su incomparable calidad como futbolista, ha llegado tan lejos….

Antonella  Roccuzzo, fue y es –desde hace días mucho más-, lo mejor que le ha podido pasar a Messi, ese pequeño gigante del fútbol mundial que por su incomparable calidad como futbolista, ha llegado tan lejos.

Un profesional del fútbol poco dado a los paripés, a las ruedas de prensa y a querer vivir también de una imagen frívola.

Ahora, desde que la noticia de su boda dio la vuelta al mundo, se viene hablando más de Messi –si cabe- pero como es poco dado a la farándula, dentro de nada seguirán venerándolo por sus “ocurrencias” futbolísticas.

¡Y por muchos años!

Algo parecido es lo que se desean la guapa Antonella –sencilla y guapísima argentina que colmó de felicidad a Messi convirtiéndole en padre de Thiago y Mateo- y este futbolista, único.

Por algo, los dos, se conocen desde antes de haber cumplido diez años.

La “princesa” de Leo Messi es hija de un empresario de la Ciudad de Rosario, la novia que desde niño, siempre vio como la futura madre de sus hijos y como su pareja ideal. Tal es así que como cuentan en el entorno más inmediato del astro, siendo apenas un crío, él le escribió una nota en la que afirmaba ocurrentemente:

“Algún día vas a ser mi novia”…

Y vaya si lo fue y en el invierno de la ciudad argentina de Rosario, donde nacieron. Vaya si demostraron al mundo el profundo amor que se profesan.

El pasado 24 de junio, Messi cumplió 30 años.

Y ahora, en plena renovación con el Barcelona y cuando vive esos momentos entrañables y muy íntimos, en ALGENTE (donde en su día ya nos ocupamos de algunos pasajes de su vida), vamos a “viajar” por su historia personal y profesional deseando que, al igual que otros grandes del deporte rey, siga protagonizando tardes memorables en la mejor Liga del mundo.

Lionel Andrés Messi, nació el 24 de junio de 1987 en la Clínica Italiana de Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina. Es uno de los futbolistas más aplaudido a nivel mundial ya que los estadios donde él juega se han puesto en pie, independientemente de ese espíritu anti-culé que, como es natural, los partidarios de otros clubs no pueden evitar.

Messi, por su forma de ser, por su forma de jugar, por su estilo de ver el fútbol, se ha convertido en ídolo mundial.

Un jugador que pesó al nacer 3.600 Kgs. ilusionando aún más a Celia Cuccitini, su madre y a Jorge, su padre, que ya entonces eran padres de dos hijos.

El médico que ayudó a traerle al mundo, el Dr. Norberto Odette, es uno de los millones de argentinos que, al hacerse famoso y jugar desde tan jovencito fuera del país, no pudieron seguir su juego de cerca ya que muy pronto Messi abandonaría las pampas para recalar en el Fútbol Club Barcelona.

ALGENTE, gracias a amigos de su infancia, a su tía Marcela, a familias que vivieron aquellos años de Messi en el barrio rosarino donde nació: inicia este recorrido por la vida de este joven que aprendió a llevar la pelota pegada a sus pies y a driblar como nadie en los potreros de La Bajada, barriada donde todos, incluidos los suyos: sus hermanos Rodrigo, Matías y su hermana María Sol, siempre imaginaron que llegaría a ser una estrella del fútbol mundial.

“Mis amigos me llamaban Piquicomenta el propio Messi-. Me dijo mi papá que una vez, en casa de mi abuela Celia, mis hermanos estaban jugando en el patio con mis primos y faltaba uno para formar dos equipos. Yo no quería pero al final jugué y cuando toqué la pelota todos me miraron extrañados. Mi abuela dijo: “Voy a llevarte a Grandoli” que fue mi primer Club en el que tuve la suerte de ser dirigido por mi viejo.”

Su tío Claudio Biancucchi ha recordado nostálgico aquellos pelotazos de Messi “sobre el portón de su casa. Eran increíbles y molestos para quienes dormían la siesta ya que siempre los practicaba a la hora  que el barrio descansaba pero había que verlo disfrutar, fue un fenómeno desde sus mismísimos comienzos.”

En el sur de Rosario, en la calle Laferrére al 4700,  hay  un pequeño campo de fútbol de tierra del club Abanderado Grandoli. Allí jugó Messi hasta los 11 años.

“Era un jugador distinto. Me acuerdo que agarraba la pelota y eludía a todos. Él jugaba siempre en categorías mayores y destacaba mucho. Y eso que le pegaban duro, pero era un jugador con condiciones sobrenaturales… Si se me permite la expresión: Nació sabiendo. “Son las palabras de su primer entrenador, Don Aparicio. En aquel barrio rosarino, ALGENTE ha recabado todo tipo de información sobre un jugador admirado por todos que fue despertando su gran talento, ni más ni menos que por su abuela materna, Doña Celia, ya que ella fue quien le regaló su primer balón y quien llevaba de la mano a su querido nieto a ver fútbol . Y fue esa querida e inolvidable abuela la que machaconamente le recordaba al entrenador para que pusiera a su nieto cuando faltaba uno  para  completar el equipo.

El mismo padre de Messi llegó a decir que Doña Celiafue algo así como una visionaria… Ella le dijo a Don Apa que lo ponga a jugar. Me acuerdo que Apa (así llamaban cariñosamente a Don Aparicio) le dijo: ‘Está bien, pero se lo pongo cerca de la raya, así cuando llora lo saca usted solita’. Ese día mi hijo estuvo sensacional y desde entonces jugó siempre de titular.”  Aparicio, no menos emocionado, ha contribuido a la historia contada desde cero sobre este Messi al que por insistencia de su abuela, volvió a colocar en aquel equipo: ” Un día no podía formar el equipo y acepté ponerlo para poder jugar. Lo puse abajo. Vino una pelota, le pasó por la derecha y nada. Por ahí llegó otra y le cayó en la zurda. ¡Salió gambeteando como si hubiera jugado toda la vida! No lo quité nunca más”.

En Grandoli jugó hasta los 11 años que fue cuando su padre lo llevó a Newell´s, club desde el que Messi  empezó a encandilar a todos.

“Desde que íbamos al cole en la Escuela Nº. 66 General Las Heras, Messi llamaba la atención con una pelota en los pies, incluso en el patio, durante los recreos ya que él se los pasaba esquivando un árbol  con pelotas de papel. Era un compañero estupendo, un chico tranquilo y muy dulce en su carácter., “comenta uno de aquellos alumnos que lamentó mucho el “adiós” de este buen amigo.

“Los estudios secundarios no pudo iniciarlos en la Argentina. Gracias al  Barcelona que lo incluye en sus divisiones inferiores, Leo se instala en Cataluña y, lo que es más importante: comienza su tratamiento hormonal con el apoyo del Fútbol Club Barcelona. La familia lo había intentado pero fue imposible costear todo lo que se venía encima”.

Cintia, una gran amiga de la infancia ha dicho lo emotivo que fueron aquellos primeros años de adaptación para los Messi Cuccitini “y para todos los que empezamos a echar en falta la ausencia de una familia tan linda, tan macanuda y a un ser humano tan genial como es Messi”.

Entre tanta añoranza y adaptación a la nueva clase de vida en Barcelona, Messi empezó a recibir el tratamiento adecuado, aquellas primeras  inyecciones diarias para poder aumentar su estatura.

El Barça le apuntó para continuar con sus estudios en el colegio León XIII, con otros chicos de La Masía.

Su historia más subrayable comenzó en el otoño de 2000, cuando aquel chaval de 13 años recién cumplidos y con apenas 1,40 m de estatura tuvo su presentación  en la categoría infantil del Barcelona.

El Barça apostó por él y tiene, sin duda, el mérito al haberle dado crédito moral, deportivo y económico con todo el apoyo que eso significó ya que, no hay que olvidar que en el momento en el que Lionel Messi iba a ingresar en las divisiones inferiores del Club Atlético River Plate –un grande entre los grandes-, en un control médico de rutina se le diagnosticó el llamado retraso en el crecimiento (desarrollo de la estructura ósea) a causa de un déficit en la producción de la hormona de crecimiento”. El coste de aquella “mala-nueva” se mezclaba con la alegría de que el mundo del fútbol estaba “descubriendo” a Messi: Había que desembolsar mil dólares mensuales sólo por seguir el tratamiento adecuado. Y allí fue que “la vista humana-y-deportiva” la tuvo el Barcelona, Club en el que Messi fue ganándose poco a poco a quienes le seguían.

Carles Rexach le hizo firmar algo así –dicen- como un contrato simbólico en una simple servilleta.  El Club, como hoy lo hace con otros chavales, cargó todas sus ilusiones en ese Messi que incluso hizo que Louis van Gaal llegara a decir que debían estar felices porque en su cantera, el Barcelona, contaba con una joya llamada Messi. Incluso Rexach siempre repite que en sus 40 años de fútbol nunca vio nada igual. Palabras que enorgullecen a Messi y a su padre que tanto tiene que ver con la educación deportiva y disciplina futbolística de su hijo.

A partir de ahí, lo conocido por los amantes del fútbol: Con 16 años conseguiría su sueño como fue debutar en el primer equipo en un partido amistoso ante el Oporto. Siete meses después, el 1 de mayo de 2005, Lionel Messi iba a convertirse en el jugador más joven de la historia del Barça que marcaba en un encuentro de liga. Fue ante el Albacete y Messi, hacía su primer gol oficial cuando sólo tenía 17 años, 10 meses y 7 días. En el Barrio donde nació Messi, ese fue el comienzo de fechas memorables, como lo fue para los verdaderos amantes del futbol.

Y su consagración empezó a fraguarse a partir del Mundial Sub. 20 de Holanda en 2005 en el que Messi se proclamó campeón con la albiceleste de su país, convirtiéndose en el pichichi y mejor jugador del torneo. Apenas tenía 18 años.

ALGENTE, -magnetofón en mano- mantuvo, personalmente, una extensa conversación con su tía Marcela Claudia quien empezó diciéndonos que “mi sobrino es un chico sencillo y súper- amoroso”.

¿Cómo es con la familia?

Nuestra familia es una familia unida; su mamá, Celia es mi hermana; él está triunfando pero cada vez es más cercano. Tiene una relación bárbara con toda la familia. Su mamá y yo siempre estábamos juntas, compartíamos todos los momentos. Cuando salíamos, mis chicos y los suyos siempre hombro con hombro; se criaron juntos, así que estamos muy unidos y el éxito de Leo es nuestra mayor felicidad.

A Leo se le ve muy responsable y educado ¿Cómo le ve usted?

Yo siempre que puedo y que tengo esta oportunidad lo digo: Lionel, profesionalmente es bárbaro, pero como persona, vale 10. Por su sencillez, su humildad… Es muy buena persona y tiene los pies bien puestos sobre la tierra. Tiene la cabeza muy bien amueblada y a pesar de todo lo que está viviendo no pierde su sencillez.  Para mí es genial.

¿Le gustan tan poco las entrevistas como parece?

Sí, pero es por su timidez, es muy tímido.

¿Es disciplinado?

Sí, mucho, desde chico. Si tenía que ir a un lugar un día, llegaba el día antes…Ya entonces amaba el fútbol. Leo jugaba en el barrio donde vivía mi mamá. Nos reuníamos todos los domingos a comer en familia y él con sus primos y hermanos, organizaban partidos.

¿Cuándo tuvo Leo su primer balón?

A los cuatro años tuvo su primera pelota y todos los fines de año, lo único que pedía era que le regalasen una pelota.

¿Y quién fue la primera persona que confió en él como futbolista?

La verdad es que mi mamá fue quien siempre confió en él y quien siempre le estuvo apoyando. Ella logró que entrase por primera vez a una cancha. En un club de barrio donde jugaban los hermanos mayores de Lionel y mis hijos –mi mamá llevaba a todos sus nietos a jugar cada uno en su categoría- un día se presentó la ocasión que, en uno de los equipos de niños mayores que él, faltaba un chico. Lionel tenía seis años y mi mamá dijo que le dejasen jugar a él, pero el técnico decía que no, que era demasiado chiquito, hasta que por la insistencia de mi mamá le dejaron jugar… En el momento que entró en la cancha todos se quedaron sorprendidos de las cosas que hacía siendo tan chiquitito.

Así que ella fue quien le ‘descubrió’…

Sí, mi mamá. Recuerdo que era ella quien le llevaba a los entrenamientos, a los partidos, siempre estaba con todos los nietos y pasaba horas en el club esperando que jugara uno, que jugara otro… Hoy ya no está…

Recordemos que cada vez que Messi logra un gol, levanta los dos brazos y mira el cielo dedicándole el gol a su abuela… Sin duda su mayor pena, como nos dice su tía Marcela “la vivió con la muerte de mamá, su abuela Celia. Leo la pasó muy mal cuando mi madre nos dejó. Siempre se lamenta de que ella no haya podido verle jugar a nivel profesional después de haber apostado tanto por él, de haber confiado tanto en él como futbolista. La pasó muy mal, muy mal con su fallecimiento porque además estaba muy unido a ella.”

¿Y qué opina el resto de la familia sobre él?

La verdad es que lo adoramos, porque él es muy familiar, le gusta mucho estar rodeado de los seres queridos, cuando llega a Rosario, lo primero que hace es venir a casa, juntarnos, estar con sus primos, compartir una cena o un almuerzo en familia… Él es así… Estamos todos llenos de orgullo por todo lo que ha logrado.

¿A quién se parece más, a su padre o a su madre?

Físicamente, aunque tiene algo de su mamá, se parece mucho a su papá.

¿Y personalmente?

Se parece mucho a los dos: Celia y Jorge.

Tendrá mucha añoranza de su tierra…

Sí, yo creo que sí. Él ama España, la gente es muy buena, adora vivir allí, pero yo pienso que uno siempre extraña su tierra. Yo tengo un hijo que vive en Brasil y también le pasa.

¿La familia le ayuda a seguir manteniendo los pies en la tierra?

Claro que sí, porque eso es lo más importante. Siempre que nos reunimos o hablamos, más que de lo profesional, tratamos de hablarle de lo humano, que nunca dé una mala imagen, que siga siendo siempre como es. Aunque a estas alturas ya no hay que hablarle de eso pues su forma de ser va con él desde la misma cuna.  Es muy muy buena persona. Humanamente, Lionel es fantástico.

¿A pesar de la distancia, soléis ver los partidos que juega Leo?

Sí, normalmente los vemos todos por cable y si no los televisan, miramos los goles y el resultado en Internet.

¿Cómo pasaba el tiempo libre en su niñez?

La verdad es que el fútbol siempre fue su pasión. Cuando acababa las clases, siempre iba a jugar, entrenaba todos los días de la semana, no paraba de hacer deporte. Tampoco le quedaba mucho tiempo, no era un niño al que se pudiera ver como a otros chicos de su edad, con los amigos charlando en la esquina… No. Y después, a los trece años, ya partió hacia España.

¿Y en la escuela qué tal era?

Lionel era un chico tan querido que todas sus maestras le ayudaban. Era un nene que siempre se reía, no era de pelear, era tímido como se le ve ahora, era calladito… Así que todos le querían.

¿Cuándo detectaron los médicos que Leo tenía un problema de crecimiento?

A los trece años, le hicieron un estudio porque era muy chiquito, no crecía y descubrieron que tenía las ‘hormonas dormidas’.

¿Y cómo lo vivieron?

Bueno, al principio, la obra social del trabajo de su papá se hizo cargo de la mitad del tratamiento que debía seguir y el equipo donde jugaba en aquel momento dijo que se haría cargo de la otra mitad, pero nunca cumplió. Después, se fue a vivir a España y allí sí, el FC Barcelona se hizo cargo de todo.

¿Cómo decidieron venirse a España?

Bueno, mi cuñado tuvo una propuesta de trabajo y después probaron a Lionel y le propusieron hacerse cargo del tratamiento de crecimiento, le hicieron una oferta y… Se quedó.

¿Crees que la enfermedad marcó la vida de Leo?

Quizás sí; él era chiquitito y se metía por todos lados y esa rapidez que tenía… ¡Quizás en eso le ayudó un montón! Era el más chiquito, cabía por cualquier hueco pequeñito y parecía que llevaba la pelota pegada al pie.

¿Qué es lo mejor de Leo para Ud.?

Para mí, su carisma, su cariño, su personalidad…

 

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