5 años ya desde aquella “fumata blanca” que lo convirtió en un Papa diferente… LOS AÑOS “MOZOS” DE FRANCISCO

«Su Santidad el Papa Francisco, obispo de Roma, vicario de Cristo, sucesor del príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, primado de Italia, arzobispo y metropolita de la provincia romana, soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, siervo de los siervos de Dios”, ese es el título al completo del Papa pero para medio mundo, desde marzo de 2013, es… simplemente Francisco…

Un Papa cercano pero al que, en su país, cantidad de argentinos no le perdonan “que aún no haya venido a nuestra tierra después de ver estado en tantos países, incluyendo Chile que está del otro lado de la cordillera…”

Un religioso que a cinco años de la última y prolongada “fumata blanca”, ha sabido dar “hostias” y “ostias” dialécticas a quienes, incluso dentro de la Iglesia, no han escogido el camino más correcto…

Buceando en sus años mozos gracias a quienes le trataron en la cercanía de la niñez y la adolescencia en su barrio porteño de Flores, por ejemplo, encontramos referencias precisas para intentar conocer su perfil humano que tanto le debe a la educación que recibió desde niño…

“Nunca hay que tirar la comida”, le decía su padre, empleado ferroviario y su madre, una entregada ama de casa que supieron predicar con el ejemplo en aquel humilde hogar.

Desde jovencito, supo compartir los alimentos con el prójimo en aquella barriada donde aprendió a amar las buenas acciones sociales, al ser miembro de una familia que, en más de una ocasión, tuvo que abrir los brazos, pidiéndole al destino que les ayudara en aquel difícil “día a día”.

Años mozos que Francisco aderezó con cuotas de solidaridad cotidiana.

En sus ratos libres, comenzó a apasionarse por el fútbol y por el club de sus amores: San Lorenzo de Almagro, como bien contamos en ALGENTE hace algunos años.

Un Papa que, guste más a unos y menos a otros que también tiene detractores que no coinciden con algunos de sus criterios, en general, suele “caer” de pie allá por donde pasa sin Papamóvil, desafiando su destino y sacándole punta al lápiz con el que escribe lo que para algunos, pueden ser meros discursos pero que, sin embargo, los predica después de predicar –nunca mejor empleada la reiteración- con el ejemplo, porque “ahí” le vemos: con sus 80 años, señalando conductas, que, en su mayoría…“han ido a misa”.

Un Papa que, con la debida licencia, se nos ocurre reversible o algo así, porque igual que no tiene reparo en condenar públicamente un montón de “marrones” parándole los pies a quienes merecerían otro tipo de hostias, seguro que no guardará reparo alguno en cantar a viva voz cualquiera de los goles de su albiceleste, o protestar un penalty en el inminente mundial de Rusia.

Eso: reversible, capaz de mezclarse con la gente, como un hombre sencillo, campechano.

“Desde muy jovencito –nos dicen en la zona porteña donde se crió-, a Jorge siempre le gustó comer lo más sano y lo más austero posible y, por supuesto, igual que Messi, que Luis Suárez y que otros tantos, le “pega” al mate como buen rioplatense.”

Ay… Qué sería de la vida de tantos rioplatenses, incluido Francisco, sin ese mate del que dicen que es más digestivo que el té y el café pero, seguramente que a mamá Bergoglio, le habrá venido de perlas en aquellos años de vacas flacas para “llenarle la panza a Jorge con mate y galleta de puño, tal como llamamos en Argentina a esos panes redondos con forma de eso: de puño”.

Un Papa que representa al Vaticano, pero que en su juventud, supo lo que es contar las rebanadas de pan en cada comida cuando el hambre apretaba…

Por eso es un Papa que vive con sencillez y sin ostentaciones.

De aquellas calles bonaerenses pasemos a algunos de los recuerdos que revela uno de sus biógrafos: Roberto Alborghetti, en su libro: “En la mesa con Francisco”, donde cuenta que suele compartir mesa con los empleados del Vaticano mientras todos disfrutan de esa cercanía.

Desde que era un niño, siendo un estudiante más en el Colegio Salesiano, ya se le veía preocupado por quienes no tenían qué “llevarse a la boca”, vigilando que el reparto de los alimentos fuera justo.

Sus padres le decían: “con la comida no se bromea”, por eso Francisco recuerda que “de niño, en casa, cuando se nos caía el pan nos enseñaban a recogerlo y besarlo: nunca se tiraba…En casa, nuestra madre se inventaba platos con las sobras del día anterior…”

En la calle Yerbal de aquel barrio porteño comentan a “Tu Revista”:

“No es para menos lo que escriben sobre nuestro vecino de entonces, ya que así era Jorge desde que era un crío. Estas cosas que sorprenden, no se improvisan, no te las enseñan de un día para otro, por más cura que seas: eres así o no, y punto. Es la pasión de la humildad, de la fe y con la misma sinceridad sale al balcón del Vaticano que grita un gol de San Lorenzo de Almagro o de nuestra Selección…”

Cuando tras la tradicional fumata se escuchó aquello de “Habemus papam”, quienes conocían la trayectoria humana de nuestro protagonista, ya sabían qué clase de Papa irrumpiría en estos tiempos que corren: miembro de una familia de ocho hermanos (4  chicas y 4  chicos), de niño fue al colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles. Ya en la secundaria estudió en la rama de industria obteniendo el título de técnico químico. En los posteriores estudios universitarios se licenció en Filosofía “pero para costearse sus estudios trabajó en una floristería y fue portero de discoteca…Por fin, a los 21 años, tuvo la idea de convertirse en sacerdote para lo cual fue al seminario jesuita de Villa Devoto, lugar del que egresó como tal, las Navidades del 69, el mismo mes de su cumpleaños”.

Fue Profesor de Literatura, de Psicología y de Teología. En 1992 fue Obispo y seis años más tarde, recibiría el cargo de Arzobispo hasta que, en 2001, el Papa Juan Pablo II, lo nombró Cardenal.

Actualmente “aunque tiene millones de seguidores en su propia cuenta de instagram, no navega por Internet” y como él mismo comenta, no ve la televisión. “desde el año 1990 por una promesa que le hice a la Virgen del Carmen en la noche del 15 de julio”.

Con diferencia a sus antecesores “es el primer Papa desde Pío X que vive fuera de lo apartamentos papales. Cuando fue nombrado Papa decidió que no residiría en el palacio apostólico sino en una casa de huéspedes”.

Siente pasión por el baloncesto, deporte que practicó en su juventud.

Jorge Mario Bergoglio, desde niño, tuvo una estrecha relación con sus abuelos, especialmente con su abuela Rosa Vasallo que, tal como él mismo comenta «ha sido la mujer que mayor influencia tuvo en mi vida”.

En una de sus homilías, mucho antes de ser Papa, cuando viajaba en metro por Buenos Aires o visitaba barrios de gente muy necesitaba, Francisco recordó emocionado que cuando era un niño, su abuela le hacía galletas  “con una masa muy liviana que ponía en aceite para calentarla y se inflaba, y se inflaba y cuando la comíamos ¡¡estaba hueca!! Estas galletas “son como las mentiras: parecen grandes, pero no tienen nada dentro, no hay nada verdadero allí”.

Ha renunciado a cantidad de privilegios como por ejemplo a su limusina y a su chófer, prefiriendo viajar en transporte público, además de comer lo que él mismo se guisaba. 

Es  un apasionado lector de Dostoievski y de Jorge Luis Borges, además de cantidad de autores clásicos.

Quienes le tratan en las “distancias cortas” se quedan aún más sorprendidos.

Del Barrio de Flores al Vaticano, con cinco años ya de Papa y 81 años de vida, Francisco sigue siendo fiel a su perfil humano…

 

 

                                                                                                    ©Bayres/ALGENTE

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